Buganvillas de San Telmo

No sabéis lo liada que he estado. ¡Cómo se notan los recortes en la empresa! Hay que hacer de todo y en tiempo récord. Tanto, que tengo descuidado este blog más de lo que una quisiera, pero es que ya no doy más de sí. Bueno, ya está bien de quejarse, aquí estoy otra vez dispuesta a dejarme ver.

Para empezar, las buganvillas de San Telmo. Paso por allí todos los días camino del trabajo y la otra mañana no pude resistirme. Para mí, la primavera llega con las buganvillas, haga el tiempo que haga como es el caso este año, en que no se asoma el calor ni a la de tres. Sobre todo, porque las flores duran más que las de otros árboles y arbustos. Los paraísos ya se han desprendido de las hojitas blancas que simulan una nevada y le han tomado el relevo las jacarandas, ahora mismo teñidas de un malva precioso.

Pero las buganvillas de San Telmo son especiales. Su intensa tonalidad morada o granate resalta con el color almagra de la fachada del antiguo palacio de los Montpensier. Además, la poda sistemática del arbusto ha conseguido que las flores enmarquen los paños de reja por completo hasta dibujar un paisaje urbano que en otras ciudades sería motivo para dirigir a los turistas como si se tratara de un monumento más.

 

 

 

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Acerca de Ana Simancas Villar

Soy jefa de Recursos Humanos en una empresa establecida en Madrid con delegación en Sevilla, ciudad a la que amo tan profundamente que no me he podido despegar de ella prácticamente desde que nací salvo unos años que pasé en la Universidad de Deusto, en Bilbao. Pese a todo, no me considero sevillana clásica, aunque tampoco sé muy bien qué significa esto.