Gracias a la novela de James M. Cain y a las versiones cinematográficas, ya se sabía que el cartero siempre llama dos veces. Lo que no es tan común es que la suerte lo haga. Hasta que el sevillano barrio de Bellavista demostró que, en ocasiones, hasta la Fortuna repite.

Seis personas esperan su turno para comprar un cupón mientras Francisco Rodríguez, sonriente, charla unos minutos con cada uno antes de pasar al siguiente. Aunque nunca le han faltado los clientes, la cola es más larga después de los «quince días de gloria», como él los llama. Y no es para menos. El 7 de enero entregó 350.000 euros en premios de la ONCE. Pero la fortuna no se quedaba ahí. Dos semanas después, Francisco volvía a repartir 105.000 euros entre sus vecinos.

Francisco Rodríguez lleva catorce años como vendedor de la ONCE en el barrio. Su ubicación, en una de las calles más comerciales de Bellavista, Guadalajara, y justo enfrente del mercado de abastos, ha hecho que sea muy conocido entre la mayoría de los vecinos y comerciantes de la zona. Ahora, su puesto de venta está adornado por enormes carteles con los números 69257 y 63867. Son un recordatorio de la alegría.

Familias humildes

«Ya es hora de que tocara algo en este barrio», afirma satisfecho. «Conozco a la gente que compró los cupones premiados, y sé que le hacía mucha falta. La mayoría están parados, o tienen hijos sin trabajo, aquí viven muchas familias humildes y esto les viene muy bien para estar un poco más tranquilos», explica el cuponero. «35.000 euros, que es lo que toca en cada cupón, no te arreglan la vida, pero sí te tapan agujeros o te dan caprichos».

Además, los premios han hecho que, estos últimos días, aumenten sus ventas, por lo que su alegría es doble. «Claro que se nota, la gente ahora está más animada y compra más», dice. «Aunque, más que clientes, lo que sí que han venido son muchísimos vecinos a felicitarme y a darme la enhorabuena», explica. «Y otros a quejarse de que a ellos, que me compran todos los días, no les ha tocado», bromea. Pero Francisco se niega a deshacerse de la varita del azar: «voy a dar más premios, estoy convencido», asegura. «Llevaba semanas diciendo que íbamos a tener suerte y acerté, ahora sé que esta racha no se va a quedar aquí». Los vecinos que, en ese momento esperan a que les atienda, sonríen esperanzados. «Ojalá lleves razón y nos saques a todos de pobres», comenta una joven. Por algo dicen que la suerte llama a la suerte.