Para todo aquel que quiera hacer carrera en la hostelería, Le Cordon Bleu es una auténtica institución. Con más de un siglo de trayectoria a sus espaldas, la escuela internacional siempre ha buscado la innovación gastronómica, que a menudo se materializa en jóvenes valores. Por ello se creó el programa «Promesas de la Alta Cocina», que alcanza en abril de 2015 su tercera edición en España, y cuyo segundo premio recayó este año en María Dolores Hedrera, alumna del sevillano Instituto Heliópolis en la rama de Técnico de Cocina y Gastronomía. Con perspectiva, y valorando la experiencia, la galardonada hace balance de su incursión en el mundo de los fogones, cuando se inicia la cuenta atrás para el Premio 2015.

Pregunta. ¿Cómo recuerda lo que vivió hace unos meses?

Respuesta. Del «gran día» recuerdo poco. En cambio visualizo perfectamente la llegada a la escuela, la revisión de nuestras cestas de ingredientes para el día siguiente, y lo poco que dormí esa noche pensando en las cuatro horas de la prueba.Después me vienen a la cabeza los nervios, a la hora de presentar el plato al jurado, y un pellizco en la boca del estómago al escuchar mi nombre. Los periodistas me pedían que me estuviera quieta para la foto. Pero es que no podía. Creo que no he estado tan extrañamente feliz como en ese 31 de mayo

P. ¿Qué te motivó a competir por este premio?

R. Principalmente quería saber hasta dónde podía llegar, hasta donde podía exigirme a mi misma. Simplemente quedar entre los 50 preseleccionados ya era decir, «Lole, no es cualquier cosa, tienes que estar ahí».

María Dolores en la entrada de Le Cordon Bleu

María Dolores en la entrada de Le Cordon Bleu

P. ¿Qué significa a nivel de hostelería conseguir un certificado en Le Cordon Bleu?

R. Es una prestigiosa escuela reconocida mundialmente. Es un honor y un sueño, sobre todo porque me lo he ganado yo. Lo mejor es que aprendes con los mejores, pero desde abajo.

P. ¿Es duro el programa?

R. Aún me estoy adaptando, pero estoy muy contenta. Todas las personas de aquí te enseñan algo. Por otra parte voy perfeccionando lo que ya sabía, lo que se esperaba de mí.

P. Además de la preciada formación, ¿te está abriendo puertas?

R. Antes de venirme de Sevilla me llamaron algunos cocineros, y estando aquí he tenido un par de entrevistas que, debido a estar estudiando, no han podido ser. Aún así, sabiendo que me abrirá muchas puertas, también sé que luego hay que demostrar que «llevas ese nombre».

P. ¿Se echa de menos la tierra o se asume cuando uno quiere vivir de la Alta Cocina?

R. Se echa de menos y mucho. Siendo de Trebujena, un pueblo de poco más de 7000 habitantes, me costó la vida adaptarme a Sevilla así que imagínate a Madrid. Sobre todo por la gente, pues somos muy diferentes. Pero por otro lado, sé que tengo que dar muchas vueltas aún y aprender. Con estar unos días por mi tierra y coger fuerzas, me basta.

P. ¿Piensas montar algún restaurante en Andalucía, o volver a ella?

R. Es mi intención. Estoy aquí por eso, para un día volver y montar mi propio negocio, enseñar lo que he aprendido, seguir disfrutando de esta profesión con mi gente.

P. ¿Tienen los cocineros andaluces una visión o estilos diferenciados en la cocina?

R. Claro, al igual que los vascos por ejemplo. Nos define la amplia variedad, y calidad, de los productos que podemos obtener, nuestras costumbres y tradiciones gastronómicas. No tenemos nada que envidiar al resto de España.

Plato con el que María Dolores Hedrera consiguió el Certificado (Segundo Premio) en el certamen de Le Cordon Bleu / Guillermo García

Plato con el que María Dolores Hedrera consiguió el Certificado en el certamen de Le Cordon Bleu / Guillermo García

P. La TV consiguió que, durante una época, todo el mundo quisiera ser cantante o bailarín. Ahora ocurre algo parecido por los programas culinarios. ¿Qué opinas de estos formatos?

R. No soy partidaria, porque no dejan de ser espectáculos de televisión. Dan a conocer nuevas técnicas, recetas y demás, sí, y ayudan a que la gente se interese por la gastronomía, pero no es una visión real de lo para mi y muchos otros es esta profesión. La cocina exige muchas horas, a veces hasta doce sin parar, y eso no lo muestra un programa semanal.

P. Una delegación de Le Cordon Bleu visitó el pasado miércoles algunas escuelas de hostelería hispalenses de cara al Premio de 2015, cuyo plazo de inscripción finaliza el 10 de diciembre ¿Animarías a los sevillanos a optar a este premio?

R. Sin duda alguna, ¡a todos! Que haya premio o no, es lo de menos. Es una experiencia maravillosa, que compensa cualquier agobio. Seguro que en los momentos de estrés se les pasará por la cabeza abandonar, pero las ganas les podrán y cuando vean su plato tal y como lo imaginaban… Sólo por la sonrisa que se les dibujará en la cara merece la pena.  Así que chavales, animaos, que a muchos os conozco y se que tenéis buena mano.