Si alguna vez necesita consultar algo con Conchita Rivas, lo tiene fácil. La encontrará allá donde se esté reivindicando alguna mejora para su barrio, Los Bermejales. La semana pasada, comparecía como parte de la plataforma pro recuperación del Hospital Militar Vigil de Quiñones. Ésta, solicitaba a la Delegación del Gobierno la solución de otro contratiempo. Siempre como presidenta y portavoz de la Asociación Bermejales 2000.

Para quienes no conozcan a esta carismática vecina, Conchita viene a ser «la madre del barrio». Así se define esta granadina de 75 años que llegó a Los Bermejales hace veinte, e inmediatamente luchó por equipar la zona que hoy forma parte del Distrito Bellavista-La Palmera.

«Aquí no llegaba ni el autobús. No había Colegio o Guardería públicas, ni un Centro de Salud digno, y a fuerza de proponer e insistir lo hemos ido logrando. Todo desde Bermejales 2000», aclara.

La línea 34, a través «de una petición a Ricardo Tarno, del Ayuntamiento de Soledad Becerril», los primeros semáforos «se solicitaron a Pedro Medina, de Movilidad», El CEIP Elcano se consiguió «a través de Rafael Mejías, de la Junta de Andalucía»… recuerda con exactitud.

Su llegada al barrio fue, podríamos decir, casual pero certera. Tras vivir nueve años en Málaga, otros nueve en Constantina y trece en Sevilla, pero en la Base de Tablada (siempre en función de los destinos de Antonio, su marido, que también la acompaña en su aventura asociativa, entonces especialista de Transmisiones del Ejército del Aire), el matrimonio llega a Los Bermejales atraído por una vivienda más amplia para sus 7 hijos.

Rivas recibe las llaves del local de la Asociación, en la calle Virgen del Pilar, por Manuel Vieira, en 1999.

Rivas recibe las llaves del local de la Asociación, en la calle Virgen del Pilar, por Manuel Vieira, en 1999.

Enseguida surgió el primer «litigio». «Mi casa era de Régimen libre, y supe que la Cooperativa de Comisiones Obreras, y con Torrijos como presidente, quería hacer allí, en manzanas independientes alrededor de mi vivienda, una Mancomunidad. Aquello no me terminaba de quedar claro. Por ejemplo, tenía unas cuotas de comunidad altísimas. Compré el libro de la Ley de la Propiedad Horizontal y demostré que no era legal», recuerda.

«Me llamaban la República Independiente», añade entre risas, situando en ese «frente» el germen de Bermejales 2000, que abrió sus puertas, precisamente en el domicilio de Rivas, en agosto de 1997.

Casi 18 años después, su consigna ha sido firme: dar mayor identidad al barrio. Así, propuso cambiar el nombre de su velá, antes de San Juan, por el de Los Bermejales.

Igual que con el Parque Periurbano, «donde planté la primera encina con Evangelina Naranjo», o con el que finalmente se ha llamado Parque Guadaira. «A través de e-Democracia plantearon ponerle Parque Derecho a la Vida y Derechos humanos y Parque Toda vida importa (respectivamente). No tenía nada en contra, sólo que no identificaban al barrio».

En contra

Durante ese tiempo no han faltado los episodios espinosos. Por ejemplo, el de la construcción de una Mezquita, entre 2004 y 2008, que recurrió ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía tras un primer fallo negativo por la vía de lo Contencioso-Administrativo.

El exministro de Cultura Manuel Clavero Arévalo llevó su representación, observando que «durante el primer juicio había cambiado la calificación del suelo», asevera Rivas.

«La parcela donde querían construir estaba catalogada como Suelo de Intéres Público Social, para cubrir las necesidades básicas del barrio. No consultaron en ningún momento la opinión de los vecinos, que quedó muy clara en el ‘referéndum’ que convoqué en el Paseo de Europa. Ningún voto a favor».

Hasta se leyó El Corán, «para hablar con conocimiento de causa y no faltar al Islam en ningún momento» lo que notificó en una carta a la Embajada de Emiratos Árabes en Madrid.

Conchita y Antonio, su marido, muestran el acta fundacional de Bermejales 2000 / Fran Piñero

Conchita y Antonio, su marido, muestran el acta fundacional de Bermejales 2000 / Fran Piñero

Otro año intenso fue 2002, cuando surge el Macrocentro de Servicios Sociales «donde pensaban atender a 70.000 personas de 23 barrios, entre drogadictos, prostitutas y expresidiarios, además de un centro de día para menores».

El proyecto, «que se financiaba en parte por la Unión Europea, se daría por iniciado al acotarse el solar, así que en cuanto nos enteramos decidimos ocuparlo, día y noche, durante meses. Al final pasó el plazo de inicio y se perdió la subvención. No se hizo ni aquí ni en otra parte de Sevilla».

También pelearon en contra de la Central Térmica de Ciclo Combinado, proyectada sobre la Punta del Verde, que agravaría «los niveles de contaminación que de por sí tenía el barrio».

Una última problemática es la de las viviendas sociales, de las calles Bolonia y Burdeos, con conocidos problemas de mantenimiento y recaudación. «Se tendrían que revisar los criterios de integración para que ahí resida quien realmente le hace falta. A la persona que esté enferma o absolutamente impedida, todas las ayudas, Pero no por sistema. No puede ser eso de recibir sin contribuir a cambio», incide.

Del tal palo tal astilla

De Conchita no sólo sorprenden sus convicciones, también su tesón, y un manejo envidiable de las nuevas tecnologías, «para estar siempre conectada y en contacto». Por ejemplo, con el amplio millar de socios (1583 inscritos en su registro) que componen Bermejales 2000.

Rivas junto al mural de Bermejales 2000 / F.P.

Rivas junto al mural de Bermejales 2000 / F.P.

«Mi padre, maestro de profesión, tenía una cabeza privilegiada, y sobre todo, una gran inquietud por conocer cosas. Me identifico mucho con él», comenta Conchita, que reconoce no haber cursado estudios universitarios por la sociedad machista que le tocó vivir. «Me hubiera encantado hacer Derecho, Medicina o Economía».

«Según me contaba mi familia, yo a los tres años ya leía, y no precisamente porque hubiese unas grandes posibilidades en las Canteras de Ugíjar, donde me crié». Tras ser trasladado el padre a Granada, allí continúa estudiando «haciendo raíces cúbicas a los nueve años».

«Me enerva el abuso. Desde siempre he luchado por lo que he considerado justo, desde el respeto y argumentando, y con la tranquilidad de que, al final, el tiempo da la razón a quien la tiene». Del mismo modo, asegura ser «independiente políticamente» ni haber recibido «favores, ni mucho menos, dinero, de los Partidos».

Con esas premisas, ahora se encuentra reivindicando un Instituto, un Conservatorio y un Centro Cívico, «pues Los Bermejales tiene población suficiente para contar con uno» y acercar al barrio la sede del Distrito, «por equidistancia de todas las partes, lo que apoyan 9 asociaciones».

También espera la Universidad Politécnica de Ingenieros, precisamente en el solar de la Mezquita, y que se pongan a punto instalaciones deportivas como la piscina del C.D. Ifni, «llena de escombros», pues no ve «otras carencias deportivas en la zona».

Es su respuesta ante los detractores de la Escuela de Golf, que Conchita Rivas ve como «una forma de dinamizar la zona y de dar trabajo». Siempre «los mejores deseos» para «su niño», su barrio de Los Bermejales, del que aspira sea «el mejor de Sevilla».