Erraron los que pensaban que el éxito de Los Compadres se diluiría pasados los años. El fenómeno viral que catapultó a dos jóvenes sevillanos al «star system» catódico se ha traducido en trabajo, y mucho, que ha asentado a Alfonso Sánchez y su compañero Alberto López como referentes del talento andaluz. Corren buenos tiempos para Sánchez y López, este par de opuestos interdependientes, que compaginan el rodaje de «Allí abajo», la serie española más vista del momento con sus actuaciones en los teatros de toda España con la gira «Patente de corso», basada en los textos de Pérez Reverte. Mientras, ya preparan su participación en lo que será la continuación de la película española más taquillera de la historia, «Ocho apellidos catalanes». Y, sin prisa pero sin pausa, gestionan la producción de la segunda parte de «El mundo es nuestro».

Cine, teatro… se le ve cómodo en la televisión.

Sí, de hecho ya son cerca de veinte años haciendo televisión. Además de varios personajes fijos en algunas series, me he comido todos los marrones episódicos de la historia de la televisión reciente. Cuando hemos llegado hasta aquí ya teníamos pulida la técnica necesaria para hacer cosas bonitas con el personaje de Rober.

¿Algo cambia cuando el papel es el de un protagonista?

Cambia la responsabilidad, pero la exigencia es la misma.

¿Cine, teatro o televisión?

Trabajo. En general, me da igual uno que otro. Lo importante es que haya un buen proyecto, que esté cuidado y se pueda trabajar bien.

¿Y «Allí abajo» es un proyecto cuidado?

Muchísimo, es una joyita de artesanía. Está hecha con muchísimo cariño por cada uno de los departamentos, lo que está haciendo que los espectadores reciban ese amor y amen a la serie.

Alfonso Sánchez antes de empezar a actuar

En pocos meses ha conocido la cara y la cruz de la televisión, ¿cómo digieres el fracaso de «Alatriste» y el éxito de «Allí abajo»?

Se digiere peor el fracaso que el éxito. Siempre. Pero es verdad que si los fracasos no te paralizan ni te hunden, te hacen más fuerte, lo que te hace digerir el éxito de otra manera, entiendes que todos son metas volantes de una carrera muy muy larga y que tiene luces y también sombras.

¿Esperaba el fracaso de «Alatriste»?

Cuando se pone tanta energía en un proyecto nunca se puede esperar que salga mal. Lo que no me esperaba es que hubiese una saña tan grande contra un producto que es mucho más que digno. Pero supongo que se habrán mezclado muchas más cosas además de lo puramente artístico.

¿Dónde estuvo el error de «Alatriste»?

No sabría decirlo. Puede ser que se vendiera la piel del oso antes de matarlo y, como siempre, el público es el que decide. Hay productos de calidad dudosa que tienen éxito y otro de mucha calidad que no. Nunca se sabe qué va a suceder.

¿Y cuál es la clave del éxito de «Allí abajo»?

Está hecho con mucho amor y mucha artesanía y ha encontrado un hueco en un momento en el que el público está necesitado de historias amables y comedia.

¿De verdad somos así en el sur? ¿Qué hay de verdad en ese tópico?

No todos somos así, pero si hay mucha gente que es como los personajes de «Allí abajo». Decir que no existen Rober, José, Don Benjumea… Me hace gracia que haya causado tanta polémica el acento del personaje que interpreta Mariano Peña cuando se ve a Paz Padilla hablar todos los días en «Sálvame». Es algo muy paradójico.

Hay mucha caricatura…

Claro, es una comedia costumbrista. Hay que exagerar muchas situaciones pero, en cualquier caso, la realidad siempre supera a la ficción y el que diga que no es que nunca ha andado por Triana.

¿El sur está de moda?

Siempre lo ha estado. La diferencia es que ahora empieza a sacársele rendimiento. Ojalá no sea algo pasajero y podamos hacer de Andalucía el centro de una futura industria del entretenimiento.

Patente de CorsoY, junto con Alberto López, ¿tiene la sensación de ser un reclamo del sur?

No nos sentimos así porque todavía cuesta que nos den trabajo. Lo que sí es cierto es que estamos en producto de mucho éxito y quizás tenemos algo que ver.

Y con el personaje de Rober, de galán. ¿Se siente cómodo en este registro?

Mi abuela siempre decía que yo era un niño muy mono. (Risas). Lo que más me seduce de este personaje es que Rober es la actualización del mito de Don Juan, es el Tenorio pero neurocirujano. Chico, de buena familia, que lo ha tenido todo, que disfruta seduciendo a las mujeres; pero le estamos dando una profundidad al personaje porque es la primera vez que vemos a Don Juan enamorado, que es lo que le pasa con Carmen.

Y con el guión de «Ocho apellidos catalanes», ¿qué le ha sorprendido?

Los nuevos personajes que van a aparecer: Rosa María Sardá, Berto Romero y Belén Cuesta. que son muy arriesgados. Tengo mucha curiosidad cómo sentará a la sociedad catalana estos personajes que tratarán muchos de sus tópicos.

¿Y ganan en importancia Currito y Joaquín?

Sí, ganamos. Los personajes han crecido. Tanto Currito como Joaquín tenían mucho más que decir y en esta segunda película se desarrollan, más allá de ser dos personajes que van y vienen.

¿Qué aportarán a la película?

Los personajes son el alivio cómico dentro de la comedia, que ya me parece rizar el rizo. Algo muy difícil, pero que nos encanta.

De vuelta a la televisión, ¿está ahí la clave para que os hagáis tan conocidos como para que una gran productora produzca «El mundo es suyo»?

La experiencia nos dice que sí. Una película como «El mundo es nuestro» si hubiese tenido una campaña de promoción como la de «Ocho apellidos vascos» o «El niño» seguramente hubiese tenido mejores resultados de taquilla. Aun así, no nos quejamos y hoy por hoy es una película de culto, algo de lo que estamos muy orgullosos. Pero es cierto que lo primordial es que vayan los espectadores al cine, tener tiempo de permanencia en salas, y eso con la estructura del cine español actual es muy difícil si no tienes el apoyo de una gran cadena de televisión que te haga una campaña de publicidad. Si no sales en televisión no existes.

¿Se va a hacer «El mundo es suyo»?

Se debería hacer, me gustaría que se hiciera. Hay un guión, del que estoy muy orgulloso, de una historia muy divertida y está en un cajón desde hace más de un año. Hemos llamado a las puertas a las que hay que llamar para hacer la película de una forma ortodoxa pero no les ha convencido. Parece que no se quiere apostar por una película comprometida que lanza un mensaje muy directo sobre el poder y la corrupción en este país. La otra opción es hacerla de forma independiente. Ya se verá.

Como director, ¿le hubiese gustado dirigir algún capítulo de «Allí abajo»?

Me hubiese encantado. Habría disfrutado de uno de los mejores electos de actores que hay en la actualidad y será, con los años, uno de esos repartos que se recordarán como en su día fue el de «Farmacia de guardia», «Curro Jiménez» o «Juncal».

¿Con María León hay química?

Total. Hablamos el mismo idioma, tenemos el mismo nivel de pasión y vibramos cuando dicen acción. María es pura vida y uno se siente muy vivo cuando está junto a ella. La admiración es mutua.