«Sevilla, barrio de San Julián, verano de 1982. Aterrizamos en Sevilla. La Sofía y yo. Alquilamos una buhardilla en el barrio de San Julián, en el 6 de la plaza de la Moravia. Vivíamos en la azotea de aquel edificio de tres pisos, blanco y vetusto, castigado por el sol. Yo recuerdo con agrado aquella solana maldita, las macetas de geranios, las duchas con manguera en el terrado, las tumbonas donde nos derretíamos al sol, las tetas de Sofía. En aquella buhardilla me pegué yo buenos atracones de esperarte, me cago en mí, Sofía, porque mira que he pasado yo ratos esperándote. Esperar mujeres. Esperar hombres. Esperar cosas». Así arranca la primera novela de Fernando Mansilla, un libro que «se acerca a la Sevilla de los ochenta y es la historia de las familias que movían la heroína en el Pumarejo, al por menor». Una mirada literaria al quehacer cotidiano de un barrio en el que el escritor sitúa una historia ficticia en la que el honor, el miedo y la supervivencia conviven con sus personajes y habitan sus calles junto a papelinas, esperas, agonías e ilusiones.

Pregunta. ¿«Canijo» tiene más de crónica o de novela de ficción?

Respuesta. Es una ficción inspirada en algo que pasó de vedad. Con grandes dosis de realidad y otras buenas dosis de imaginación.

Portada de CanijoPregunta. ¿Cómo era la Sevilla en la que se desarrolla la trama?

Respuesta. Había mucho trapicheo en la calle. De todo. Recuerdo a los trileros de la calle Sierpes timando a los incautos con el truco de la bolita. Hoy esto es impensable. Los mercados libres del jueves y la Alameda donde se podía poner cualquiera a vender sus cuatro trastos sin permiso ni tasas que pagar. La ciudad estaba menos asfixiada por las normativas.

Pregunta. Todo suena mucho a Grupo 7. ¿Se lo comentan mucho?

Respuesta. Alguien me lo ha comentado. Sucede en la misma ciudad y en la misma época. Pero Grupo 7 es la historia de los agentes de la ley. Canijo es la mirada de un yonqui. Visiones diferentes en el mismo escenario.

Pregunta. Aterriza de Barcelona a este barrio de Sevilla. ¿Cómo fue la adaptación?

Respuesta. Bueno, eso habría que preguntárselo al Canijo de la novela. Yo no venía de Barcelona, sino de Mallorca. Y no hubo adaptación. Me sentí del lugar desde el primer momento.

Pregunta. ¿Qué queda en la zona norte del Casco Antiguo de esa Sevilla?

Respuesta. Como en todos sitios, quedan las personas con sus historias y sus desvelos. No es lo que queda, es lo que hay.

Pregunta. En treinta años, el barrio ha mutado pero, tirando de nostalgia. ¿Qué echa de menos?

Respuesta. El albero de la Alameda. Alguna taberna castiza. Los cines de verano. Alguna placita que se han llevado por delante, como esa donde estaba la estatua de la Niña de los Peines, al final de la Alameda. El mercadillo de la Alameda. Las hogueras en la Alameda los sábados por la noche.

Pregunta. ¿Es de los que piensa que cualquier tiempo siempre fue mejor?

Respuesta. Pues no. Procuro que el mejor tiempo sea siempre el presente.

Pregunta. En Sevilla, el libro ha funcionado bastante bien. ¿Esperaba esta acogida?

Respuesta. No. Para nada. Estoy sorprendido.

Fernando Mansilla

Pregunta. Poeta, cantante, escritor… Siempre la palabra pero, ¿en qué faceta se encuentra más cómodo?

Respuesta. Como más disfruto es con la música. Pero lo que mejor se me da es la poesía.

Pregunta. ¿Le ha sido fácil adaptar el libro a un concierto?

Respuesta. No. Normalmente trabajamos con textos poéticos, o no narrativos. Pero en el lenguaje de la novela abundan las frases largas y es difícil no perder el ritmo y el sentido de lo que estás contando. Siempre es más fácil musicar poesía que prosa. Pero el trabajo con Pony Bravo ha sido minucioso y estoy muy satisfecho del resultado.

Pregunta. Flamenco, jazz, blues, rock… ¿A qué suena el Pumarejo, la Alameda…? ¿A qué suena «Canijo»?

Respuesta. Canijo es para mí un blues. Pero lo bueno es que suena diferente depende del lector que sea.

Pregunta. Para finalizar, ¿por qué «Canijo»?

Respuesta. Porque no quería que el personaje tuviera nombre propio y «canijo» es una expresión muy utilizada en Sevilla. Pero fue Antonio Álamo quien me sugirió ponerle ese título a la novela.

«Canijo, en Rompemoldes»

Tomando como excusa la presentación del libro «Canijo» del autor Fernando Mansilla y cuya acción se desarrolla en el barrio de San Luis, el arquitecto Jaime Gastalver realizará una presentación sobre la evolución urbanística y social del mismo en el espacio Rompemoldes. Todo ello ilustrado por imágenes de archivo y grabaciones de época que mostrarán la transformación de esta pieza clave de la ciudad. La cita es este jueves 12 de junio a partir de las 21.00 horas.

Músico de formación, poeta de nacimiento y escritor de vocación, Fernando Mansilla es uno de los grandes desconocidos de la escena underground catalana y sevillana. En 2011 y tras forjarse una carrera de escritor nunca editado, publica «Poemas para la no posteridad» (Ediciones El Cangrejo Pistolero) una recopilación de textos que forman parte del bagaje del dramaturgo. No quedan aquí las habilidades de Fernando Mansilla, ya que ese mismo año edita su primer disco «Literatura de baile» junto a los músicos Luis Navarro y Javier Mora, en el que la cadencia de su voz y el flow que destila sirven de base para la creación musical de sus compinches. En 2012 se une al duo música prepost para poner en marcha «Las historias gallegas de Álvaro Cunqueiro» poniendo de nuevo de relevancia su capacidad de cuentacuentos para adultos con una voz que atrapa y embelesa al oyente.