Sus fotografías salen publicadas en Newsweek, Cnn, Nbc y Financial Time. Y también las hay colgadas de la fachada de la avenida en el FNAC. Esas fotos son suyas. Ahora, Aitor Lara, un joven de Baracaldo que lleva 30 años en Sevilla, prepara una visita a las comunidades del bosque de Camerún.

-Discúlpeme: de todas las fotos que tiene colgadas en la fachada de FNAC, ¿cuál es el que más trabajo le dio?

-Para mí la más auténtica es la del picador con el caballo; pero tengo dos que fueron complicadas de hacer: la de la señora con la mantilla, que me obligó a hacer la foto en alto e invirtiendo la cámara y la del arenero, que me obligó a ser muy preciso con el foco.

-¿Ese mosaico de personajes qué denominador común tiene?

-Es una edición amable y muy sevillana. Se intentó armonizar una coreografía de imágenes donde se ponderan iconos que en Sevilla entiende todo el mundo.

-Hay una foto de Curro, magnífica.

-Sí, yo lo saludé, me aproximé para hacerle el retrato y el correspondió como es él: con amabilidad y disposición. Es un señor encantador.
-¿Y la de Morante?

-Yo no sabía quien era Morante. Soy un ignorante del mundo del toro. Me llamó la atención la simbología y la liturgia de los vestidos. Hay bordados que parecen sacados de un palio. Ellos mismos parecen imágenes religiosas. Una plaza da mucho juego.

-Alguna anécdota tendrá en relación con esas fotos…

-Me escriben gente de todo el mundo, lo mismo de Indonesia que de Australia

-¿Y usted responde?

-Siempre.

-El año pasado estuvo trabajando en Nueva York, Detroit y Cabo Verde. Creo que Detroit es hoy un espacio estimulante para un fotógrafo…

-Es una ciudad fantasmagórica. Recorrí el down town y los suburbios de los alrededores. Y me encontré con una ciudad arruinada, con heridas abiertas y donde el liberalismo económico dejó su huella más oscura.

-¿Y qué le brinda Cuba a un fotógrafo?

-Es muy difícil hacer algo interesante. La fachada de Cuba todos la conocemos. Es una parada en el tiempo. Para mí el barrio más bonito del mundo es el Vedado.

-¿En Sevilla qué tipo de fotos realiza?

-Personajes, underground flamenco.

-¿Eso qué es…?

-El que no sale al escenario y te lo encuentras en un cuarto de cabales. Ahí hay mucha leña. Para mí es lo más interesante que tiene la ciudad.

-Pero usted mantiene una relación muy contradictoria con la ciudad…

-Me encanta Sevilla, por eso vivo aquí. Pero a veces se me cae encima, se me hace aburrida. Faltan centros de cultura contemporánea.

-¿La Semana Santa que le preocupa como fotógrafo es la que va bajo el paso?

-A mí me interesa el mundo de los costaleros, me alucina. Luego el escenario barroco que en sí misma despliega la Semana Santa es fascinante.

-Pero es el elemento humano el que le motiva. ¿Recuerda la portada sobre la pobreza infantil que hizo para nuestro XL Semanal? Era tremendo

-Me dan mucha pena los niños y las personas mayores en exclusión social. En ese reportaje vi familias con maletas de un lado para otro, casas sin luz, ni agua. Y me pareció fantástico que ABC diera esa portada. Esa foto fue premiada por «Ojo de Pez de Valores Humanos» de Foto España y Unicef.

-El año próximo podremos ver en la Casa de la Provincia el resultado final del trabajo que ha realizado durante dos años con la beca de Artistas Plásticos de Endesa. ¿Nos adelanta algo?

-Vamos a ver una larga serie de retratos documentales de mi proyecto Dragoman, gracias a la beca de Artes Plásticas Endesa y al patrocinio de la Diputación de Sevilla.

-Y ahora prepara marcharse al Camerún…

-Voy a trabajar con comunidades indígenas del bosque de África Central. Hay que pensar que cuando un bosque se pierde estamos quemando una biblioteca tan rica como la Colombina.

-¿Qué lo lleva hasta allí con la de palomas que se pueden fotografiar en el Parque de María Luisa?

-La curiosidad de conocer a una de las sociedades más primitivas y sabias de África.

-¿Es usted de los que necesitan vivir al borde del precipicio?

-Sí, sí, hay que arriesgar. Vivir es arriesgarse y soñar.

El estudio de Rorro Berjano

Nació en Baracaldo, creció en Madrid y lleva treinta años en Sevilla donde se quedó fascinado por la ciudad, a la que ama y rechaza a la vez. Nada nuevo bajo el sol. Sí lo es su mirada hacia el mundo, que se posa para ver y enseñar. Eligió como rincón para hacerse la fotografía el estudio de su amigo pintor Rorro Berjano, donde se reúne con otros artistas para charlar y descargar las ideas, acompañados por buena música. Su cámara no conoce espacios prohibidos: fotografía desde lupanares antillanos hasta plazas de toros y ahora prepara un viaje inminente al corazón de la selva de Camerún. Donde los bosques guardan tanta sabiduría como las bibliotecas…