Dicen que no hay nada que una más que la buena música, y también que hay pocas ciudades que cautiven más al extranjero que Sevilla. Sobre la conjunción de ambos embrujos habría que preguntarle a Gustavo y Nikias. Argentino el primero, «aunque residente en Francia muchos años» y belga el segundo, llevan varias semanas deleitando a los paseantes del centro con su jazz. «Vinimos a Sevilla huyendo del frío», bromea Gustavo. Un auténtico trotamundos, ha recorrido Europa con su saxofón. «Ahora estoy muy a gusto», explica. «Durante la semana, cojo la bicicleta y recorro los pueblos de la provincia. El fin de semana me vengo a tocar aquí», afirma mientras mira alrededor de ‘su esquina’, donde la calle Tetuán se encuentra con Plaza Nueva. Ambos viven de los ingresos que le dan sus actuaciones callejeras o en establecimientos.

Un público generoso

Nikias, que apenas chapurrea el español y se desplaza en silla de ruedas por una minusvalía, se ha convertido en su ‘socio musical’ por pura casualidad. «Nos conocimos en un club de jazz de aquí, donde tocamos algunas noches», especifica Gustavo. «Decidimos empezar a tocar juntos, improvisando, y parece que a la gente le gustó». El público es una de los factores —«aparte de las mujeres», bromean— que más convenció a ambos para pasar la época navideña en Sevilla. «La gente se para mucho a escuchar, es muy generosa y nunca nos han tratado con desdén», dice el argentino. Y desmitifica a los franceses sin dudar: «allí no aprecian a los artistas callejeros, no dudan en avisar a las fuerzas de seguridad enseguida», se queja Gustavo. «No saben disfrutar de la música», reprocha mientras insiste en que en España es diferente. Tampoco le faltan elogios para la Policía. «No nos echan de ningún sitio y respetan mucho nuestra música», dice. «Algunos incluso se paran a escucharnos».

Una ciudad de artistas

Aunque confiesan que es un oficio muy duro, Gustavo y Nikias defienden a los artistas callejeros. «Los verdaderos músicos salen de la calle», afirman. «Aquí la gente se queda un rato viéndonos tocar por que le gusta, nadie los está obligando». Y pone como ejemplo las noches que tocan en bares del centro. «Nos pagan mejor, pero no es lo mismo, estamos formando parte del decorado». Ahora que llega la Navidad, piden más que nunca que la gente disfrute de su jazz y reivindique el arte de la calle. «Esta es una ciudad muy rica en artistas, desde mimos hasta pintores o músicos, hay que cuidar y valorar eso», recuerda Gustavo. Él, confiesa que, por ahora, ha detenido su particular ‘vuelta al mundo’ y se queda en Sevilla.