Lorenzo Ulpiano Leyva va a cumplir el próximo 10 de febrero los 90 años. Es el usuario de más edad de los talleres del Distrito Macarena y este martes será reconocido por el alcalde, con quien será fotografiado.

Su historia es la de un hombre muy familiar, positivo, espontáneo, sencillo, sincero, generoso y sobre todo entregado a su familia, su mujer, hijos, nietos, sus amigos y aficiones, una vida plena que hoy cuenta casi con 90 años de edad. Lleva 70 años viviendo en Sevilla y más de 40 en la barriada de las Avenidas, en los conocidos pisos de la Renfe.

Nació un 10 de febrero del año 1923 en un pequeño pueblo, Larva (Jaén), se puede considerar como la atalaya más distante de la Sierra Mágina, se caracteriza por ser un lugar lleno de fiestas, actos sociales y cotidianos que conservan y transmiten mitos que quedan patentes en la forma de ser de la gente que ha nacido en esta tierra. Lorenzo recuerda el paisaje blanco y semiárido de su sierra así como la riqueza y diversidad paisajística de un entorno único, unido a otros factores familiares que le recuerdan la belleza sublime de su lugar de origen.

Lorenzo tiene una imagen de la figura paterna entrañable, recuerda a su padre como una persona admirada por todas las personas de su tierra y de fuera de ella, de él heredó ese afán por vivir, esa bondad innata y esa sonrisa que a todos contagia. Su padre era farmacéutico tenía también un casino y una peluquería, salieron del pueblo porque allí no había más trabajo para desarrollar su vida, era el penúltimo de 7 hermanos, añade Lorenzo, «en este pueblo pasé los primeros años de mi vida», este es el lugar donde empezó a forjarse esta excepcional persona cargada de cualidades y aficiones.

Cuenta entre risas, «fui junto con mis hijos a visitar la tumba de mis padres, llevé a toda mi familia, para hacer las presentaciones, pero les hice saber que solo venía a saludar que no pretendía quedarme allí».

Entró con 18 años, en la academia militar ferroviaria o cuerpo militar de trenes, su cargo era jefe de tren, tenía la graduación de alférez y se encargaba de supervisar al maquinista y cobrar los tickets, siendo responsable de los trenes en los intervalos entre estaciones. Siempre ha estado muy contento con su trabajo aunque las jornadas laborales eran en ocasiones interminables, «me casé en un turno libre porque en aquella época se trabajaba mucho», se jubiló después de 42 años trabajando.

Cuenta con mucha ilusión y con un recuerdo inolvidable cómo conoció a su mujer cuando ella tenía 17 años, en un baile de las cruces de mayo, su mujer era de Arjona en Jaén, se conocieron en Sevilla. Se la presentó una amiga que compartía muchas cosas, él iba vestido de militar, ella vino a conocer Sevilla y surgió el amor, cuenta. Lorenzo recuerda la tarde en la que le dio el primer beso, estaban sentados en un banco, cerca de la cascada del Monte Gurugú en el parque de María Luisa, «fue un flechazo». Se casó con 21 años.

Con lágrimas en los ojos escucha recitar los versos de las poesías que escribía su esposa, Manolita, nos cuenta que todos sus pensamiento los plasmaba en cualquier trozo de papel que encontraba. Esta bella pieza la hizo recordando el día en el que conoció a Lorenzo:

La Cruz de Mayo (Mayo de 1944)

En la cruz de mayo,
cuando las flores de la primavera
nos enviaban sus delicados perfumes,
te conocí.

La noche estaba clara y serena,
tus ojos, me miraron,
los míos a ti.

Era una noche…
Bruja, tibia, perfumada
bajo la guirnalda del cielo andaluz,
cuando hasta la tierra sueña, cautivada,
con los resplandores magos, de su luz.

Como mariposa que tiende su vuelo,
aún, no conocía, lo que era el amor,
juntos, aprendimos a tejer el vuelo
y a posar las alas, en la misma flor.

Desde aquella noche, tan evocadora,
fue el amor, tejiendo su bello cantar,
amor, que nos marca la primera hora,
aunque nunca diga, cuando ha de acabar.

De esta bonita unión nacieron 5 hijos, dos varones y tres hijas, su hija pequeña tiene 50 años y la mayor 64. Su familia son su razón de ser además de sus aficiones, es un ejemplo a seguir, una persona llena de valores de las que hoy cuesta encontrar. Disfruta cuando ve a todos sus hijos sus yernos y sus 10 nietos juntos, su objetivo es provocar una sonrisa, animar al que pide ayuda o está triste, es generoso, prefiere regalar a que le regalen.

La tristeza no tiene lugar en su forma de ser, es un ejemplo de positivismo, suele mirar la vida de una forma muy particular y esto le permite enfrentar cualquier adversidad con sentido del humor, lejos de quedarse esperando, toma una posición activa y enfrenta cualquier adversidad que se le presenta, como el dice «cojo al toro por los cuernos y ya se arreglará y si no se arregla, es que no tendría solución». No ve los baches de su vida sino los tesoros que día a día tiene por descubrir. «La carrera de la vida me sigue proporcionando buenas experiencias y muchas satisfacciones», dice.

Una de sus principales aficiones es el baile con su monitora preferida Victoria Herrera, todas las tardes va a las clases de sevillanas, aunque repite nivel nunca deja de aprender y sorprender a los que le rodean, tiene un arte especial innato que demuestra cada día.

La cacería, es otra de sus aficiones, no hay nada mejor como una mañana en el campo rodeado de amigos. Cada semana va a visitar al señor Cautivo, «me gusta ir cada semana y si no puedo voy a la Macarena que está más cerquita», tiene mucha devoción por el Cristo de la Sentencia. En 2010 fue Macareno del Año, «no me lo esperaba, toda mi familia sabía lo que iba a pasar menos yo, fue una sorpresa para mi inesperada, pero me alegré mucho», ríe, y añade que «llegué a Sevilla con una maleta y 40 duros y soy macareno del año, que más puedo pedir».

A sus 90 años le quedan muchas cosas por hacer, tiene pensado publicar su libro de recetas y no es para menos, ya que hace unas paellas recomendadas para los paladares más exigentes así como sus aceitunas aliñadas, los guisos de carne, las migas y el arroz con conejo. Dice que 2013 va a ser su año, «todos los buenos momentos de mi vida llevaban el número 13, este va a ser mi año».