Ángel León Márquez es Coordinador de la Red Ciudadana de Sevilla. Las últimas décadas, como vecino de la barriada Lionel Carvallo, en el distrito Nervión, las ha dedicado a luchar, junto al resto de vecinos y componentes de la Red, por dar solución a un problema de titularidad que se había enquistado a lo largo de más de 50 años. El pasado martes, el Alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, le hacía entrega simbólica del acuerdo por el que el Ayuntamiento recepcionaba este núcleo residencial en el que, a partir de ahora, las áreas municipales van a hacerse cargo de sus labores de mantenimiento, como cualquier otra calle de titularidad municipal.

Pregunta: ¿Qué ha supuesto para los vecinos de Lionel Carvallo que el Ayuntamiento haya aceptado la cesión unilateral de los terrenos de la barriada?

Respuesta: Tras algo más de medio siglo, y para los vecinos de la primera generación que aún viven, es un sueño que se ha materializado, pues reconocen que se ha hecho justicia, después de un proceso demasiado largo y tortuoso. Para la segunda y tercera generación, constatar que la perseverancia, el trabajo minucioso, la fijación de los objetivos, las metodologías adecuadas y la correcta coordinación dan sus frutos.

Supone dirigirse, por fin, a una Administración Pública y no una sociedad mercantil que, obviamente, tiene ánimo de lucro y unos fines ajenos y contrarios a los de los vecinos. La barriada, por fin, está recepcionada por el Ayuntamiento de Sevilla que atenderá a su conservación y mantenimiento, y procederá a su ordenación y regularización, haciendo coincidir la situación catastral, registral y legal con la realidad física.

P: ¿A cuándo se remonta y a qué se debe este problema de Lionel Carvallo?

R: El problema se remonta al año 1.963, cuando el Ayuntamiento vendió los terrenos, que eran de titularidad pública, a la Sociedad Mercantil «Constructora Inmobiliaria Bética S.A.» (COIBESA), para la construcción de viviendas con plazas de garaje, zonas ajardinadas y servicios comunes, según el Convenio firmado al efecto por ambas partes. Los Gobiernos Municipales posteriores lo continuaron, al no recepcionar los espacios libres y viarios de dicha Barriada, como recogía la documentación del citado Convenio. Esta inhibición dio lugar a que COIBESA vendiera, en el año 1991, los viarios, espacios intersticiales y cabidas resto, con un total de 4.044,03 metros cuadrados, a una empresa heredera de sus actividades, Aparcamientos Rochelambert, S.L., por una cantidad simbólica e irrisoria, que en realidad nunca fue satisfecha. Ninguna de las dos empresas, durante todos estos años, realizaron labores de conservación o mantenimiento alguno.

Aunque toda la barriada y esta Red Ciudadana exigíamos el embargo de todos los terrenos, el 23 de marzo de 2006, y a modo de simulación administrativa, el Gerente de la Gerencia de Urbanismo, Manuel Marchena Gómez (del PSOE), firmó el Convenio, aprobado por el Pleno del Ayuntamiento el 16 de marzo del mismo año, con la entidad Aparcamientos Rochelambert, S.L., relativo a la cesión a favor del Ayuntamiento de Sevilla de los terrenos calificados de viario y espacios libres públicos por la ASV-DN-02 (Barriada Lionel Carvallo) del nuevo Plan General y los calificados de zona verde sitos en la Gran Plaza esquina Avda. Cruz del Campo, a fin de incorporarlos al dominio público municipal. Pasaron dos gobiernos municipales del PSOE e IUCA, sin hacerse efectivo ni finalizar el procedimiento de cesión, ni tan siquiera expropiarse como determinaba el sistema de actuación del nuevo Plan General, en su modo de gestión.

P: Al no ser de titularidad municipal, ¿en qué afectaba esto a los vecinos?

R: Afectaba a unas 2.800 personas entre residentes, propietarios, vecinos, comerciantes y usuarios de la zona, repartidas entre las 300 viviendas y los 70 locales comerciales. No es fácil tener que vivir en «tierra de nadie», en un lugar donde, a pesar de pagar impuestos y tributos como en cualquier barrio de primera, la limpieza pública, las redes de saneamiento y abastecimiento de agua, las labores de mantenimiento, como las del alumbrado público, la poda o apeo de parques y jardines o el acerado, eran un acto graciable. Todas las gestiones, actuaciones y procedimientos se hacían interminables, y en algunas ocasiones había que recurrir a otros métodos para hacerse oír y denunciar la situación.

P: Si, por ejemplo, Rochelambert estaba en esta misma situación y ésta se regularizó hace décadas, ¿por qué no Lionel Carvallo?

R: Primero tendríamos que pensar en la diferencia existente entre el precio del metro cuadrado y de una plaza de garaje en una barriada y en otra. Por otra parte, en Rochelambert la situación era distinta, empezando por su asociación de vecinos y continuando por los acuerdos, ya fuesen públicos o privados, a los que llegaron con los diversos partidos políticos que gobernaron en su día en el Ayuntamiento y las Sociedades Mercantiles de COIBESA y Aparcamientos Rochelambert, S.L. Allí hubo desde recalificaciones de terrenos, concesiones de permisos y licencias exprés para la construcción de un aparcamiento subterráneo, hasta la cesión-entrega, hace años, de un local para que una asociación de vecinos tuviera allí su sede.

P. Pero alzasteis la voz…

R: Sabíamos que no hacer nada se podía interpretar como un acuerdo tácito y cómplice, por tanto dijimos alto y claro «no al aparcamiento subterráneo» (ya que éste debería de haberlo construido COIBESA cuando se edificaron las viviendas entre los años 1.963-1.966, como estipulaba el Convenio). No nos prestamos a ser moneda de cambio. Un barrio no es más que la suma y el resultado de la voluntad de sus vecinos y si se venden pierden legitimación, credibilidad y dejan de ser interlocutores válidos para cualquier asunto.

P: El Ayuntamiento ha logrado, por fin, cumplir esta reivindicación. ¿Cómo ha sido el trabajo con el Distrito y el Ayuntamiento?

R: Ha sido arduo, continuo (durante cuatro años) y concienzudo, pero con entendimiento, colaboración, trabajo en equipo, compromiso y un comportamiento honesto. Nada de esto hubiese sido posible sin Pía Halcón, delegada del Distrito, e Inmaculada Gallardo, subdirectora. Gracias a su compromiso, sensibilidad, empatía y capacidad para superar todos los escollos.

También tenemos que alabar la voluntad política y administrativa demostrada por la propia Alcaldía y por aquellas Áreas Municipales que han facilitado la resolución del problema. Al fin y al cabo, las Administraciones Públicas no son más que los instrumentos o las herramientas de las que nos hemos dotado todos los ciudadanos para organizar nuestra vida colectiva y dar solución a los problemas existentes, y así ha actuado el presente equipo de Gobierno.

P: Echa la vista atrás y, ¿creía que era posible llegar hasta aquí?

R: Siempre se ha dicho que primero hay que tener razón, luego hay que saberla exponer y, por último, que te la quieran dar. Así que sí, confiábamos en ello. Hemos tenido que iniciar procedimientos ante distintos Organismos Públicos como Ayuntamiento de Sevilla (en Gerencia de Urbanismo, EMASESA, LIPASAM, Alumbrado Público, Área de Economía y Hacienda, Parques y Jardines, Patrimonio, Comisión Especial de Sugerencias y Reclamaciones–Oficina para la Defensa de la Ciudadanía, Distrito, etc.), Ministerio de Hacienda y AA.PP. (Gerencia Regional del Catastro de Andalucía), Defensor del Pueblo Andaluz o el Registro de la Propiedad y el Registro Mercantil de Sevilla, Archivo Histórico Municipal, Archivo Histórico del Colegio de Arquitectos de Sevilla, Archivos del Ministerio de Vivienda, Hemerotecas de diarios como ABC, etc. Tan sólo en estos últimos catorce años hemos mantenido unas 270 reuniones, presentado más de 300 escritos, originando decenas de expedientes, intervenciones en Plenos Municipales y alegaciones, admitidas y aprobadas, al Plan General de Ordenación Urbanística.

Hemos invertido muchísimo tiempo y dinero, sin pedir ni solicitar un sólo céntimo de subvención o financiación a Administración Pública alguna. Con esta trayectoria y metodología de absoluta pulcritud y transparencia, tenemos la absoluta convicción y certeza de que se ha conseguido, entre otras cuestiones, porque llevábamos la razón y estábamos bien organizados. No teníamos nada que perder y mucho que ganar.