-Tengo entendido que usted no canta de oído. Que tiene media carrera de canto y solfeo terminada…
-Así es. Vengo del mundo de la música  religiosa y de la ópera. Canté en el coro de San Felipe Neri y en el del Maestranza.
-¿Por qué acabó cantando canción mexicana?
-Por culpa de un amor. Me enamoré de la música mexicana. En su música encontré lo que no supe encontrar en la ópera: mi sitio y mis sentimientos.
-¿Cómo descubrió la charrería?
-Por Alejandro Fernández. A mi madre le gustaba muchísimo como cantaba. Y le regalé un disco. Gracias a ese disco descubrí la canción mexicana y su cultura.
-Y qué le hizo dejar la comodidad de cantar en un coro para echarse a la calle a cantar «Si Adelita se fuera con otro», por ejemplo…
-Nunca tuve el complejo de cambiar el prestigio de un teatro por la calle para cantar. Hago lo que más feliz me hace y el dinero no lo es todo en la vida.
-El caso es que la sangre tira lo suyo. Porque usted tiene un cuarterón de gitano extremeño y me asegura que un tatarabuelo paterno anduvo por Zapopan, Jalisco…
-Así es. Pero hay más. Por parte materna mi tatarabuela era india maya y mi tatarabuelo gitano.
-Pero usted nunca le ha pegado por derecho a la bulería o al fandango, ¿verdad?
-Nunca. Pero sí a la copla. De pequeño.
-La gente dice que tiene usted un sombrero para siete cabezas…
-(Risas) Puede ser…
-Vamos que ni un león peinado hacia atrás tiene tanto cráneo como usted…
-(Risas) Y además es verdad. Pero mire lo que le digo: la cabeza que tengo la uso divinamente.
-Y también el corazón, tan grande como México DF, que lo vuelca cantando las letras más heridas de la música mexicana….
-Las letras mexicanas son muy fuertes. Y emotivas. Muchas de esas letras han reflejado pasajes concretos de mi vida.
-A ver, a quién le temería más ahí enfrente, en las puertas de la FNAC, haciéndole la competencia: a Jorge Negrete, a Pedro Infante, a Chavela…
-A ninguno. Porque yo cerraría mi quiosco y me iría ahí enfrente a escucharlos. Desde mi más profunda admiración.
-¿Quién es para usted la cima del cante por rancheras?
-El charro de oro fue Jorge Negrete. Hoy el mejor, para mí, es Vicente Fernández.
-Sabina no lo hace mal. Rocío Durcal tampoco se rajaba. Y Rocío Jurado las cantó algunas veces y lo bordó…
-La verdad es que es así. Rocío Jurado grabó un disco completo de canción mexicana que es una joya. La interpretación que hace de «Paloma negra» es de las más hermosas que he escuchado, junto a la de Chavela.
-El caso es que a usted lo pondera todo el mundo. Creo que ha cantado hasta en la fiesta de la independencia mexicana…
-Ahí empezó mi carrera. En El Tejar del Mellizo del parque de los Príncipes. Canté para la comunidad mexicana que quería celebrar su Día Nacional, el 15 de septiembre. Canté a través de una invitación de Mónica Hernández, mexicana, que me conoció en Radio Integración, donde yo colaboraba. Me preguntó que si me atrevía a cantar en la fiesta y yo le dije que sí.
-Pero usted canta en bodas, bautizos y comuniones ¿no?
-Así es. Incluso le he cantado a un muerto en el tanatorio. No se ría. Es verdad. Al difunto le encantaba la canción mexicana y le dediqué tres temas: «Las mañanitas», «La barca de oro» y «Las golondrinas». Hice un gran esfuerzo. No me sentía muy cómodo allí.
-Natural. Allí solo está cómodo el que no se levantará más. ¿Le ha cantado a algún famoso?
-A don Andrés Palop, en la peña sevillista «Hasta la muerte».
-¿Se siente más mexicano que trianero?
-«Fifty, fifty».
-Y quién cree que lo llevará hasta la tierra de sus antepasados y de sus canciones: la de Guadalupe o la de la calle Pureza, esa Esperanza marinera…
-Estoy vivo gracias a las dos. Llevo en el sombrero una estampa de cada una. El año pasado tuve un grave accidente de tráfico. Estoy seguro que entre las dos me sacaron de aquello.
-Dígame su sueño…
-Vestirme de charro de la cabeza a los pies delante de la Virgen de Guadalupe en México. Es un sueño y una promesa.
Jalisco en Sevilla
Pese a la sangre que dice que conducen las tuberías de sus venas, la verdad es que Francisco Javier Carbonero tiene una pinta de guiri de Minesota que dan ganas de cantarle el himno. Rubianco, con los ojos claros, mediano de estatura no da el biotipo mexicano al uso. Da igual. Canta con un gusto espectacular la canción mexicana, delante de las puertas del Santander, donde le dan todo tipo de facilidades para que sea hoy uno de los cantantes callejeros de la Avenida más reconocible. Zoido lo ve y lo saluda. El otro día le cantó a Carmen Martínez Bordiú y, pese a que no ha podido visitar México por falta de plata, mata el gusanillo paseando por el barrio de Santa Cruz. Dice que aquello es México en Sevilla, recordando que así lo confesó  Jorge Negrete cuando rodó en tan sevillano barrio «Jalisco canta en Sevilla».