Sus obras tienen eso que él denomina «alma», ese trasfondo que «llama la atención y transmite a otro nivel». José Antonio Navarro Arteaga (Sevilla, 1966) no necesita presentación. Su vida, obra -y milagros- son conocidos más allá del arrabal. Su legado ha cruzado fronteras, desprendiendo artesanía pura. De aprendiz hace 26 años, a maestro en el mundo de la imaginería. Profeta en su tierra y allá por donde pisa, y de Triana siempre cerca. En el arrabal, hablar de imaginería es sinónimo de Navarro Arteaga. No puede evitar mostrar la ilusión y las ganas por recibir este galardón: Trianero del Año en la Velá de Santa Ana 2013. Todo un homenaje, a quien tanto arte ha dejado en Triana, del barrio que le vio nacer.

-¿Qué significa ser trianero del año?

-Es lo más grande, como si me dieran un Óscar. Este galardón tiene mucho de sentimental, yo soy de Triana, nacido en el barrio y he mantenido el taller en Triana durante 25 años, 16 de ellos en la calle Betis. Triana para mí son muchas cosas. Y que me lo den ahora que llevo dos años fuera de Triana, porque por diversas circunstancias tengo ahora el taller en Espartinas, es si cabe más importante.

-Como trianero, ¿qué es lo mejor que tiene el barrio?

-Es como si fuera un pueblo, con todo lo que conlleva la palabra pueblo, sobre todo esas conviviencias en el día a día, con los vecinos, que prácticamente casi nos conocemos todos. Y mira que Triana es un barrio grande, podría ser pefectamente una mini ciudad dentro de otra. Los trianeros muchas veces decimos, cuando cruzamos el puente, que vamos a Sevilla. El sentimiento de pueblo viene arraigado por el hecho de que Triana siempre ha ido creciendo y haciéndose aparte de Sevilla, por estar al margen derecho del río.

-¿Qué recuerda de sus comienzos en el mundo de la imaginería?

-Empecé en una bocacalle de la calle Castilla, en Magallanes, un callejón muy estrecho, y ahí fueron mis comienzos en este mundillo. Ahí fueron los primeros pasos en este mundo tan complejo y tan complicado, porque aunque veamos el resultado, bellos porque es arte y debe ser atrayente al espectador, para llegar a eso hay una dificultad y esfuerzo grandísimos. Ayer mismo le decía a mis hijos que en este mundo, profesionalmente hablando, hay mucho sacrificio, sacrificio, y después, sacrificio. Tiene su recompensa, este reconocimiento que me dan me llena de satisfacción, pero esto dura dos minutos, después vuelves a lo cotidiano. Y hay que echarle muchas horas, mucha dedicación. La mayoría de los profesionales tenemos presente lo duro que es y que lo difícil es mantenerse, no llegar. Empecé con 13 años, con 16 años con Juan Ventura, en el taller de m imaestro, con 21 años empecé a hacer cosas en mi casa, estuve casi el tiempo de una carrera -5 años- en su taller, y con 22 monté mi taller, y ya llevo 26 años.

-¿Surge savia nueva en esta profesión?

-Sí, hay muchos jóvenes, quizás ahora mismo hay más gente que trabajo. Hoy por hoy, no hay día que no salga un chaval que haga algo en la imaginería y digamos que de una manera u otra ingresa en esta profesión. Hoy hay más gente que hace 25 años. Hay mucha afición al tema de las hermandades, cofradías.

-Y el intrusismo, ¿cómo se lleva?

-Como profesional tengo que pagar mis impuestos, tengo que hacer frente a mis declaraciones. Y ahora también al 21%, que tiene guasa, y hay mucha gente que se dedica a esto y no lo lleva de forma «clara». La desventaja que tengo yo con respecto a otros que no tienen este tipo de impuestos, es a la hora de dar presupuestos. Hace daño y cuesta dios y ayuda mantenerse. Escuchas unos precios que no se cómo es posible, porque la imaginería es un trabajo caro, tiene un costo, y no es barato.

-Con sus obras ha dado a conocer el barrio de Triana más allá incluso de nuestras fronteras…

-Sí, y siempre he puesto en los contratos Triana, no Sevilla, hasta en eso he sido trianero. Mi sentimiento por delante de todo. Tengo obras en Moscú, Filipinas, Panamá, Roma es donde más tengo, hemos exportado este arte.

-En Triana, ¿cuáles son las obras que ha realizado y que recuerda con mayor cariño?

-El Cristo de Pasión y Muerte y la Virgen del Desconsuelo, tienen una connotación más especial que otras obras, aunque todas tienen algo. El misterio de Las Cigarreras, la Virgen de los Milagros de los Paúles, el Cristo de la Santa Cruz de San Joaquín, Juan Pablo II de la Estrella, el Vía Crucis que hice para la Estrella al principio, o los arcángeles de la esquina del paso del Cachorro. He trabajado mucho para el barrio. Con todos me quedo, con especial cariño, pero las de Pasión y Muerte me llega más cerca.

-¿Qué obra le gustaría hacer que aún esté por crear para incluir en su legado?

Siempre hay algo que te gustaría hacer, siempre tengo el deseo y el sueño de alcanzar las metas que uno se va proponiendo, pero el hombre propone y Dios dispone. Te vas proponiendo esas obras en tu mente y que afortunadamente después van saliendo, así que no me puedo quejar. He tenido muchos sueños: trabajar en el santuario de la Virgen del Rocío, en la hermandad del Gran Poder, con hermandades importantes y tener imágenes en sitios importantes. Lo he conseguido. Siempre hay que tener ilusión y sueños para tener esa mirada infantil y juvenil y descubrir cosas nuevas en tu oficio.