A Álvaro Campos y Miguel Ángel Martín les va a costar olvidar la noche del 23 de noviembre. Son vecinos de la Plaza Alfonso Jaramillo, una zona tranquila de Triana. El lunes, sobre las 22:00, en uno de los pisos del bloque 3 se originó un incendio que estuvo a punto de tener consecuencias mucho más graves que las que se dieron.

Álvaro y Miguel Ángel son los que consiguieron sacar a Ana María, la propietaria de la vivienda afectada, del infierno de humo y llamas en el que se había convertido el 7ºB. Sin pensárselo dos veces, se jugaron la vida para salvar la de su vecina.

Miguel Ángel y su mujer viven en el mismo bloque que el piso afectado.  Cuenta que empezaron a escuchar gritos procedentes del séptimo, y que pronto identificaron la voz de Ana María, una anciana de 80 años que vivía sola. «Lo primero que pensamos es que la estaban atracando», confiesa su vecino, «así que subimos rápidamente».

Cuando llegaron al rellano, Ana María estaba acompañada del matrimonio que vive justo enfrente, los tres mirando impotentes cómo se estaba originando el  sevilla-incendio-triana--620x349incendio. «La situación en ese momento no era tan extrema», cuenta Miguel Ángel, así que lo primero que hicieron fue llamar a los bomberos. Después, bajó a por un extintor a su propia casa. «El humo no superaba el medio metro de alto, pensaba que podríamos llegar apagar el fuego».

Sin embargo, cuando volvió a subir,  el escenario se había transformado en una pesadilla. Ana Mari, dispuesta a no dejar que su hogar se quemase, había entrado a intentar echar agua. Su vecino de enfrente,  que también se había sumergido en la humareda, sí consiguió salir. La dueña del piso no.

Desmayada y con sangre

«Desde la puerta vimos la mano de Ana María, que estaba tirada en el suelo», explica su vecino, que no se lo pensó y entró a rescatarla. Justo en ese momento, apareció el otro salvador, Álvaro. «Menos mal que apareció, yo solo no hubiese podido con ella», asegura Miguel Ángel. Entre los dos, consiguieron sacar a rastras a la mujer, que estaba desmayada y llena de sangre.

«En ese momento no te paras a pensar si es peligroso o no», dice Álvaro. «Lo único que intentas es ayudar y menos mal que lo hicimos. En los diez minutos que tardaron en llegar los bomberos, el desenlace hubiese sido peor. Si no llegamos a entrar a buscarla, Ana María estaría muerta».