En vista de que los niñatos no se están quietos y no hay manera de hacerles desistir de sus diabólicas ideas para destrozarlo todo, me atrevo a sugerir que el Ayuntamiento cree un cuerpo de cuidadores voluntarios del parque de María Luisa que “patrullen” el recinto de dos en dos para disuadir comportamientos especialmente molestos o perturbadores del buen orden.

Estos voluntarios no tendrían nada que ver ni con la guardería jurada del parque -si es que sigue existiendo- ni con la Policía Local que de vez en cuando patrulla por la zona ni con la Policía Nacional que suele pasear a caballo casi todas las mañanas. Se trataría de un servicio de acompañamiento, para informar a los visitantes al tiempo que se evitan conductas que pueden dañar el mobiliario urbano y patrimonial de la primera zona verde de la ciudad.

Seguro que el Ayuntamiento encontraría miles de jubilados o desempleados deseosos de colaborar con su ciudad para mantener en condiciones nuestro bellísimo parque.