Dos funciones, ni una silla libre y vecinos que se quedaron fuera con ganas de verlas. ¿La solución? programar una nueva sesión. El Festival de teatro y danza de la Asociación Pepe Moreno logró un «exitazo» con «No es oro todo lo que reluce» y «Armonía» el pasado fin de semana. Para no dejar a nadie con el gusanillo ayer se repitió obra, baile y éxito.

«No es oro todo lo que reluce»

Escribe una obra de teatro al año, la dirige y actúa en ella. Con estos datos podríamos estar hablando de la Woody Allen de Bellavista. Su nombre es María José García cumple la mayoría de edad en esto de subirse a unas tablas y lo hace con un grupo que ella misma define como «fabuloso», la misma palabra con la que sus pupilos se refieren a ella.

«Siempre intento dar un toque de humor a mis textos, porque ya hay suficiente drama» además García explica que «es mucho más difícil interpretar una comedia que una tragedia». Esta veterana autora no solo hace reír con sus historias sino que da vida a alguno de sus personajes, una todoterreno del teatro que para más envidias lo hace todo bien.

En «No es oro todo lo que reluce» María José no hace a un personaje, sino a dos. Primero de una criada que ve, oye y no calla y después de una mujer de lo más rural. Con una o con otra el público no puede parar de reír. Una auténtica maestra para sus cinco actores.

Pepa, Pepita, Pepitiña o Pepuchi cada uno la llama de una manera y es que tiene que cargar con una casa propiedad de unos marqueses que esconden tanta ruina como riqueza aparentan, con tres hijos que a cada cual más particular. Para más desgracias aparece un mafioso que viene a cobrar lo que le pertenece y una muchacha campesina de casta que acaba dejando más que claro que en esa familia, no es oro todo lo que reluce.

«Armonía»

El ballet de Pepe Moreno es antagónico, no solo en el barrio de Bellavista sino en toda la ciudad. Su ya clásico Festival no sería lo mismo sin su ballet. Las cuatro chicas que lo conforman se dedican al baile de forma amateur, aunque cualquiera lo diría. Fandangos, alegrías, bulerías y hasta un precioso zorongo gitano que a niños y mayores dejó con la boca abierta.

El color agua de sus trajes no debe ser más que un simbolismo del movimiento suave y rompedor que tienen las bailarinas. Taconeo, castañuelas y mucho arte para mostrar al público la riqueza de la música de nuestra tierra.