Salir a tomar una copa o a tapear con niños a veces se convierte en una auténtica odisea. El niño no quiere estar sentado a la mesa, se levanta, corre, hay coches, se aburre y en definitiva un rato agradable se traduce en un agobio. Así que hagan ejercicio mental, imaginen un lugar donde tomar unas ricas tapas, con su cerveza muy fría, copas a cuatro euros y que a tres metros tengas a los niños jugando en unos columpios en un recinto vallado. Dejen de imaginar, porque ese lugar existe y se llama Qcross.

Qcross lleva dos años afincado en la ciudad, en Viapol y ahora ha aterrizado en los Bermejales con el fin de «ofrecer una alternativa de ocio en el barrio». Y la alternativa es como para rechazarla, con cervezas a un euros, ricas tapas a precios asequibles, copas a cuatro euros y columpios en la terraza para que los más pequeños disfruten tanto como los mayores.

Carlos Blanco, propietario de Qcross, desvela que el punto fuerte y clave del éxito de este bar es la cercanía, «sé que suena tópico pero es así, aquí se da un trato personalizado» y es que Carlos no es de los dueños que gestionan a distancia, todos los días sus papeleos y gestiones las hace en el bar de modo que «observas qué necesita la clientela, la escuchas, cuidas los detalles y respondes según sus peticiones». De esta forma el local está en «constante mejora», lo que permite renovarse y estar siempre acorde a las necesidades del consumidor.

«Motivación e ilusión» es lo básico para una buena gestión. Carlos Blanco tiene una contrastada experiencia en la hostelería, hace nueve años que regenta hoteles y restaurantes en la costa del sol. «El éxito de un negocio está en el control de gastos, intentar responder a las necesidades de la clientela y dar un servicio excelente, ya que cada vez somos más exigentes». Pero ser exigente en el Qcross es bastante complicado, buen precio, magnífica calidad y un ambiente perfecto son las características que lo definen.

Sus garbanzos con langostinos, la carrillada al Pedro Ximénez, los libritos de berenjenas y el pollo a la carbonara con emmental fundido son palabras mayores que no pueden leerse, hay que probarlas.