Las apariencias engañan y esta foto también. En contra de lo que pueda parecer, el presidente de la Asociación de Comerciantes y Profesionales de los Bermejales (Acoprober), no ha sido padre recientemente. Si lo ha parecido es que en La buhardilla de Lola se está haciendo un buen trabajo.

Se llaman Reborn, renacer, y es una tendencia muy viva en Estados Unidos que hace ya 7 años aterrizó en España de la mano de Lola Verdugo. Estas muñecas tienen una característica fundamental, el hiperrealismo de su acabado, es difícil identificar a simple vista (y a compleja) un bebé de carne y hueso de uno de estos Reborn.

El origen de estos muñecos se remonta a la Segunda Guerra Mundial cuando los alemanes se veían obligados a vivir en refugios, las madres tenían mucho tiempo libre y muchas cogían las muñecas de sus hijas y les daban un aspecto nuevo. Hoy en día se llaman Reborn y están revolucionando el cine y la psicología.

«Cuando comenzamos a probar esta técnica, mi hija la pobre me decía: ¡mamá no me cojas más muñecas que me las rompes!» hoy es agua pasada porque Lola y Rocío son capaces de hacer unas creaciones perfectas. La fabricación es a base de kits, pintados con pintura pigmentada y óleo secado al horno. El pelo puede ser pintado con injertado uno a uno con mohair o alpaca. Las venitas de las manos, las arrugas de la cara, de los pies, el peso idéntico al de un bebé y el tacto al cogerlo en brazos son reales, «a la gente o les encanta o le da reparo».

Desde pequeños prematuros hasta una bebé preparada para su bautizo, modelos hay miles y la mayoría son de colección. La más barata de estas creaciones tiene un coste de 100 euros y la más cara de 450. Y ahora también se pueden conocer, coger y comprar en el mercado de arte y diseño donde La Buhardilla de Lola tendrá su hueco los domingos. Además para celebrar estas fechas, sortean un Reborn valorado en 300 euros, para ello solo hay que pagar 50 céntimos por papeleta.

Terapia

«Los Reborn necesitan los cuidados propios de un bebé: cambiarle la ropa, limpiarlos con una toallita húmeda y peinarlos con un peine de bebé». Es por esto que son magníficos para algunos colectivos a los que los cuidados y la sensación de tener un bebé a su cargo les ayuda mucho, «no hay un público tipo para los Reborn, eso sí, no se permite que sean para niñas menores de 12 años porque no son muñecos».

«Había una chica, Iris, que tenía autismo. El caso es que la chica se orinaba en la cama y nunca quería salir a la calle. La madre nos llamó y nos encargó un Reborn. A los meses de la entrega, la madre nos llamó llorando, yo dije ¡eah ya no le ha gustado a la niña! pero era todo lo contrario, la madre me dijo: lo que no han conseguido los psicólogos lo ha conseguido un muñeco, Iris ya no se orina porque como duerme con el bebé, si se orina lo moja. Además ahora todas las mañanas lo monta en el carrito y lo saca de paseo». Es una de las tantas historias que se esconden tras cada uno de estos Reborn.

De cine

Los bebés en cine pueden rodar un máximo de tres horas al día, lo que supone un problema cuando este personaje cobra cierto protagonismo o cuando la toma definitiva no llega y hay que esperar 24 horas. Por ello, cuando son escenas en las que el bebé no tiene que hacer ningún movimiento en muchas ocasiones se recurre a un Reborn.

«Nosotros hemos trabajado con el Internado, a quienes le hicimos un bebé idéntico al de una foto que nos enviaron, también el Barco, Padre Matías y Arrayán, entre otros, han lucido un Reborn en sus capítulos». Estas series de gran repercusión en la audiencia sí adquirieron los Reborn, pero en caso de ser una producción de poco presupuesto «lo alquilamos durante el rodaje».

Muñecos de cine que son capaces de «ayudar muchísimo» a los sectores que más lo necesitan. Lola Verdugo junto con su amiga y compañera Rocío Gómez suben a la buhardilla de Lola para encargar a la cigüeña un bebé que pueda cambiar el día a día de las personas.