Esta mañana alumnos de primaria de los centros educativos de Bellavista han aprendido a cocinar bizcocho con cuentos. El auditorio del centro cívico se ha llenado para recibir una historia de cocina, o una cocina con historia, que bien podría ser una clase magistral de un estrella Michelín.

A las once de la mañana han acudido al centro cívico cientos de alumnos de primaria de colegios de Bellavista para asistir a un cuenta cuentos. Pero no era un cuentacuentos normal, no, esos alumnos han aprendido a cocinar un bizcocho con cuentos. Un pianista tocaba una melodía cuando una cocinera aparecía por el patio de butacas buscando sus enseres: gorro, delantal y gafas. Una vez preparada pidió un pinche del público y comenzaba a cocinar.

Piluka, esta cocinera tan particular ha presentado los ingredientes con adivinanzas. Así, uno por uno, el yogur, la harina, el aceite, los huevos, el azúcar y la levadura iban siendo adivinados por los niños y entrando en el recipiente. Lo siguiente sería batir que, aunque lo hacía Carlos, el pinche salido del público, todos darían las intrucciones «bate que bate, bate». Así entre todos, el bizcocho entraría en el horno para cocer.

Mientras el bizcocho estaba en el horno, muchas fueron las historietas que hicieron reir a estos críos. Tan es así que ninguno quería que el postre terminase su cocción porque eso significaría poner fin a todos esos cuentos que Piluka, con gran expresividad y alegría, estaba relatando a los alumnos. Pero el «clín» del horno sonaría y tendrían que despedirse de Piluka aunque no lo harían hasta probar ese bizcocho que entre todos habían hecho.