A sus 73 años Conchita Rivas ha protagonizado hazañas que bien servirían para escribir un libro. Lo que hoy conocemos como Los Bermejales, en gran parte, no sería lo que es sin esta mujer que lo ha dado todo por el bien de sus vecinos.

En 1997 un grupo de once vecinos del barrio se unieron para luchar porque su barrio tuviese los servicios básicos como son «el autobús, un ambulatorio, guarderías y hasta semáforos». Durante los tres primero años la sede de esta pequeña, pero muy fuerte, asociación no sería otra que la propia casa de Conchita Rivas, socia fundadora que a día de hoy continúa en la presidencia. Llegaría el año 2000 y conseguirían la cesión de un local para instalar su sede. En la avenida Reino Unido esquina con Nuestra Señora del Pilarse erigiría Bermejales 2000.

Estas son solo unas líneas de la que sería la gran novela de Conchita Rivas, en ella auténticas historias de aventura sobre la lucha contra un macro centro social o la negativa hacia la construcción de la Mezquita más grande de Europa ocuparían las páginas de un casi seguro Best Seller. El Tribunal Supremo de Andalucía o acampadas durante meses en un solar como modo de protesta serían solo algunos de los personajes recurrentes de esta novela.

Auténtica aventuras que empiezan con un «me levante una mañana y leí en el periódico que nos iban a poner aquí una de las Mezquitas más grandes de Europa, sin habernos dicho nada, consultado o explicado así que cogí mis cosas y me presenté en Urbanismo». Y de las que los héroes, los vecinos, salen siempre victoriosos. «Sin estas continuas luchas, estas trabas, Bermejales sería mucho más de lo que es hoy y es lo que me da pena» aunque lo cierto es que de «cuatro manzanas» que había en los orígenes hasta hoy las cosas han cambiado mucho gracias a un movimiento revolucionario llamado Bermejales 2000.

¿Quién es Conchita Rivas?

Pero, detrás de todo esto, ¿qué hay detras de esa Conchita capaz de mover montañas? Conchita Rivas es madre de siete hijos y tiene diez nietos. Siempre madre de familia, pero con un espíritu de lucha inagotable, «me ha gustado luchar por todo lo que he considerado abusivo, injusto» y siempre «sin ánimo de lucro, nunca he tenido intereses políticos o económicos, aunque más de una vez han intentado ficharme» ante lo que aclara tajantemente: «Conchita Rivas no tiene precio».

Conchita asegura que siempre ha sido así, si hubiese tenido la oportunidad «habría estudiado derecho y economía». Nacida en la posguerra aclara que son las circunstancias la que le hacen aprender que es el «conformismo» el que nos impide avanzar, el que nos hace dar pasos hacia atrás y perder lo conseguido hasta ahora. Por ello anticonformista y libre Conchita explica que «siempre hemos funcionado libres e independientes porque es la única forma de solucionar las cosas». Su experiencia lo avala dejando claro que «todo lo que hemos conseguido para el barrio ha sido porque le ha correspondido».

Todo por placer, por necesidad, porque ante la injusticia le hervía la sangre y aunque todo ha sido sin ánimo de lucro, Conchita recbía la mejor recompensa, la del reconocimiento. «Ir por la calle y que la gente te pare y te dé las gracias, te salude aunque no los conozcas de nada, te abracen y te agradezcan algo de todo corazón, eso no está pagado, eso es lo más importante, la verdadera razón de todo esto».

En su trayectoria como presidenta ha tenido que luchar mucho por el barrio y aunque «siempre me he llevado bien con los políticos» también les ha dicho lo que pensaba, creía y lo que «era justo» sin pelos en la lengua y de forma directa. A día de hoy las cosas han cambiado mucho aunque «aún queda mucho por hacer» asegura que «la llegada del nuevo gobierno y de Rafael Belmonte al distrito están permitiendo un funcionamiento más fluido, una mayor escucha por ambas partes y, en definitiva, un mayor cuidado por las demandas vecinales».

Conchita tiene el orgullo de poder decir que «el primer autobús del barrio fue gestionado por la asociación» y como esa mejora, miles. Una acción envidiable que hoy ya tiene un carácter más tranquilo, aunque «si hay que luchar se seguirá luchando por lo justo» y que aunque los años ya pesan y la familia requiere un cuidado y una atención Conchita no dejará a Los Bermejales solo hasta que no encuentr a alguien como ella, «fuerte, libre y con ganas de luchar por lo que le corresponda al barrio».