Sin entrar en rivalidades ni favoritismos hay un dato claro que sean del color que sean tienen que reconocer: la rentabilidad en días de fútbol. Los establecimientos de Heliópolis tienen la suerte de tener el Villarmarín en su zona y así dos veces al mes hacer una buena caja.

Dependiendo de la hora del partido el consumo es distinto, pero está claro que entre la cervecita pre-partido, el cafecito, el bocadillo y las pipas la economía del barrio sonríe cada quince días. Es el caso de Pepe Sumariva, quien a pesar de no estar pegado al estadio nota que los días de fútbol el recuento produce más alegrías. «El fútbol da mucho dinero, viene mucha gente, se vende mucha más cerveza y comida», Pepe cuenta que la diferencia de caja con un día normal es «mucha, muchísima, en este local que es pequeñito es fácil conseguir mil o mil y pico euros más que otros días».

«Esto se pone que no se cabe» dice Ana Villalba al preguntarle cómo son las horas previas a un partido en el Villamarín. Tiene un ambigú a pocos pasos del estadio y cuando se acerca el comienzo del partido comienza el caos. Ayer que el Betis jugaba a las diez de la noche, contaba que «llevo desde las 12 de la mañana haciendo pan para tenerlo todo preparado». Con las chacinas ya cortadas Ana espera a las ocho de la tarde, dos horas antes del comienzo, «llegamos a ganar unos 1500 euros más de lo normal y eso ¡en dos horas!».

La crisis se hace notar hasta en esos días pero está claro que tanto para Pepe como para Ana y, en general, para el barrio entero, los días de fútbol palian el gran descenso de ingresos de los demás días. Eso sí, que los partidos «no sean los lunes, que son malísimos» y teniendo en cuenta que hay un claro día de grandes beneficios: «el Betis-Sevilla».

Llegan los momentos previos, el bar Jamaica está completo, el bullicio de la calle Tajo se oye desde lejos y el descampado de los bajos del Villamarín ahora es un aparcamiento con aforo completo. Tenderetes con bufandas, banderas, gorras y camisetas del Real Betis. La avenida Padre García Tejero se ha vuelto verde, el color de la esperanza para los empresarios de la zona.