En Burdeos 8 tienen su hogar, aunque esa palabra ahora suene a intranquilidad. Hace 16 años que salieron a concurso estas viviendas sociales, una oportunidad única para 19 familias hasta ese momento no habían tenido una casa en propiedad. Ahora esa oportunidad se ha convertido en un auténtico problema.

Cuando vio su nombre anunciado como propietario de una de las nuevas viviendas de la calle Burdeos la emoción embargó a la familia. Entonces, no sabían lo que iban a encontrar. «Hay personas que no tienen los papeles para estar aquí viviendo, de hecho, un tiempo que nosotros estuvimos fuera nuestro piso nos entraron y estuvieron aquí viviendo. Hasta tres veces hemos tenido que echarlos».

Además de claras sospechas de que haya «okupas» en el bloque, los impagos se acumulan y el miedo a lo que pueda pasar crece cada día. En total, en el bloque se deben 6.669 euros de comunidad y ya ha llegado una multa de Hacienda por dichos impagos, «algunos vecinos no han pagado comunidad desde que se vinieron a vivir». No son los únicos impagos de estos vecinos, a muchos ya le han cortado la luz y el agua con lo que han recurrido «a engancharla de manera ilegal a los contadores de otros vecinos que sí están pagando».

Aunque parezca increíble son quizá estos problemas los que menos preocupen a los vecinos de Burdeos 8, es la falta de civismo de muchos inquilinos la que preocupa «porque si ya son así, según van saliendo este tipo de problemas, peor». Además de haber tenido que echar, en tres ocasiones, a individuos que «se metieron a vivir en mi casa mientras no estábamos y la última vez me hicieron añicos la puerta» esta familia ha sufrido situaciones insostenibles.

«Me han tirado cubos de agua, matojos de pelo de perro y hasta cubos de basura, todo por la ventana» cuenta esta vecina que irá a juicio por «unas losetas que me tiraron desde el balcón hacia mi lavadero, ¡si me llega a dar!». Y si eso es lo que reciben en su propia casa, en las zonas comunes «orinan en las escaleras y en el ascensor, bombilla que ponemos bombilla que nos quitan, los adornos de navidad nos lo quitaron, pintadas en las escaleras y la puerta de la calle rota».

Para mayor escarnio, «no se puede hablar con ellos», cuando surge algún problema «se ponen a gritar y a soltar barbaridades por la boca, es mejor callarse porque como lleguemos a las manos puede acabar en tragedia». Sobre esto recuerdan un día en el que «estaba yo fregando los platos del almuerzo y de repente se cortó el agua, se lo dije a mi marido y el bajó a los contadores a ver qué pasaba. Cuando bajó allí estaba un vecino con una llave inglesa en la mano diciendo: ¡vecino, no se acerque, aquí hasta que no aparezca el que me ha cortado el agua a mi no tiene agua nadie! Vamos, que alguien le había cortado el agua a él y para encontrar al culpable nos hizo estar más de dos horas sin agua a todos los vecinos».

Convivir en ese bloque se ha convertido en un auténtico calvario, «figúrate, yo me voy a trabajar a otras ciudades y dejo aquí a mi mujer con mis hijos y con mi nieta chica, así no me puedo ir tranquilo» explica un vecino. Pero no quieren ni pueden mudarse, «a mi me gusta la zona, esta es mi casa y no tengo por qué mudarme, lo que hay es que solucionar esto. No tengo dinero para irme a otro sitio pero de todas formas, esta es mi casa».

La insistencia del Ayuntamiento a través del distrito Bellavista-La Palmera para que la Junta de Andalucía, propietaria de estas viviendas, tome cartas en el asunto ha conseguido una visita del Gobierno andaluz al bloque. «Es lo que hay que hacer, es lo que estamos esperando pero me temo que las medidas que van a tomar van a ser extremas y nos van a traer muchos más problemas de los que ya tenemos». Inspectores de la Junta analizarán la situación el próximo 31 de enero.