Lo que comenzó hace doce años como una pequeña asociación para personas mayores ha acabado convirtiéndose en una de las fundaciones más activas de nuestra ciudad, Fundomar. Bolsa de empleo, orientación laboral, talleres para víctimas de la violencia de género o recogida de alimentos son solo unas pinceladas de las muchas actividades que organiza y desarrolla este centro del barrio de Los Bermejales.

Fundomar nació en 2001 como una pequeña asociación con sede en una vivienda de la calle Monzón, la componían un grupo de personas mayores que consiguieron no sólo mantenerse con el paso del tiempo sino que fueron creciendo hasta convertirse en lo que es hoy, una fundación que pretende ayudar a niños y mayores, españoles e inmigrantes, mujeres y hombres, en definitiva, las puertas de Fundomar están abiertas a todo aquel que quiera formar parte de ella.

El nombre se lo deben a Doña María, una de las fundadoras cuya obsesión era el cuidado y la atención de las personas mayores. A su muerte su legado quedaba destinado a la fundación que ella misma había visto nacer. Siendo así el primer patrimonio importante de la fundación, desde entonces, Fundomar.

Así que en la calle Bergantín está el legado de Doña María, una herencia que se ha traducido en ayuda laboral, social y psicológica. Laura Villalva es la trabajadora social de la fundación y junto con Pedro Vázquez, el director del centro, solo les falta una cama para no salir de sede de Los Bermejales. Y es que la actividad en Fundomar no entiende de descansos y aunque las arcas notan la crisis, la programación y organización juegan a la inversa, cada año más.

Inmigrantes y españoles se acercan habitualmente a Fundomar para integrarse en el mundo laboral, «no somos una agencia de colocación pero si trabajamos como mediadores, tenemos nuestra bolsa de empleo y si llaman demandando un trabajador buscamos el mejor perfil, orientamos a los candidatos y al ofertante, de manera que ambos salgan ganando» cuenta Laura.

La relación con el Banco de alimentos es de colaboración continua. Asimismo, se recoge todo tipo de prenda de vestir, mueble, juguete o cualquier objeto en buen estado que quieran donar. La recaudación va destinada a familias que están sufriendo una trágica situación económica, «nos damos cuenta que aquí en el barrio se quedan mucho más tranquilos donando sus cosas aquí porque saben que se lo damos a gente de aquí que verdaderamente lo necesita».

Un programa de atención a las víctimas de violencia de género que, a través de la arteterapia, tuvo muy buenos resultados y, sobre todo «momentos preciosos». Jugar con el tema del trueque para conseguir una serie de talleres y oferta de actividades «moviendo el menor dinero posible». O uno de los programas más interesantes en el que un grupo de jóvenes católicos y otro de protestantes procedentes de Irlanda del Norte llegan aquí como enemigos y se van como amigos, gracias a la intervención de la fundación.

No son todos, ni siquiera la mitad, ni se acerca a una tercera parte de las actividades que se realizan en Fundomar. Todas con fines de colaboración, todas hechas desde el corazón y con la mejor de las intenciones «a veces me emociono, aquí pasan cosas muy bonitas» ríe Sara. Y los datos hablan por si solos, más de 4.500 usuarios han recibido ayuda de Fundomar.

Por el continuo movimiento, por la buena organización, por la inventiva, por las ganas, por hacer lo imposible siempre, tanto Laura como Pedro y como todos los trabajadores de la fundación tienen claro que «sin los voluntarios no seríamos nada». Unos 50 voluntarios y 20 colaboradores revolucionan Fundomar. Siempre echan una mano, todo lo hacen con el mismo empeño y dedicación son, sin duda, el ojito derecho de Sara que casi no puede parar de dar las gracias.

Fundomar y Los Bermejales

Queremos ser «un punto de encuentro para las personas del barrio» explica Pedro Vázquez, director del centro. Y es que Fundomar y Los Bermejales tienen como objetivo ser solo uno. Que los del barrio consideren esta fundación como su casa y la fundación a los vecinos como su familia.

Los cursos homologados de formación sociosanitaria o geriátrica y de gestión de voluntariado pretenden posicionarlos también como un referente en formación. Las actividades abiertas al público, la cercanía de sus cerca de 80 profesionales (fisioterapeutas, psicólogos, trabajadores sociales… etc.) quieren hablar de tú al barrio y que todos los vecinos conozcan que muy cerca de sus casas hay un lugar casi único en el que las preocupaciones se convierten en oportunidades.