El antiguo salón Baldomero hace ya casi cinco meses que no ve una sola silla vacía; que desde que abre hasta que cierra el devenir de gente es continuo; que su número de comensales está entre los 100 y los 130 cada día. Aunque a simple vista nadie lo diría, se trata de una auténtica desgracia.

La Hermandad del Dulce Nombre de Bellavista convivía cada día con el hambre y con la necesidad, unas carencias que lejos de aplacarse fueron aumentando. La Corporación tenía en mente la apertura de un comedor social que al menos cubriese la carestía de tantas familias del barrio. El 21 de junio llegaría ese día tan esperado, un estreno que hizo enormemente felices a los hermanos.

«En el paso no se pone un candelabro ni se piensa en dorados mientras aquí falte un plato de comida. Si nos tiramos tres años sin cambiar nada pues así se queda, lo primero es dar de comer a esta gente que tanto lo necesita», son las palabras de Alfonso Lozano, el Hermano Mayor de la Hdad. del Dulce Nombre. Al hablar de su comedor expresa orgullo por la labor que allí se realiza y, sobre todo, por la cantidad de Hermanos que participan y se vuelcan para que no falte de nada. Pero sobre todo sus ojos hablan de tristeza, una mirada que cada día ve a 100 y 130 vecinos suyos aparecer por el Salón Baldomero y pedir un plato de comida.

«Aquí viene cada día la antigua clase media» explica Lozano que recalca que la mayoría de las personas que vienen, hace uno o dos años, tenían su hipoteca al día, su trabajo y sus tres comidas diarias en casa. «Vienen muchas familias, más de 30 son niños y como no pueden entrar por ley en un comedor social se les prepara en fiamberas y bolsas a los padres para que se lleven la comida a casa».

Mercasevilla, el colegio Entreolivos, el Santa María, la Fundación Fundomar, el Bancon de Alimentos y, por supuesto, el compromiso y la solidaridad de los hermanos del Dulce Nombre hacen que cada día hasta 130 personas tengan algo que llevarse a la boca. Con estas colaboraciones la Hermandad se abastece de los ingredientes necesarios y es en la cocina de Fundomar donde se llevan estos ingredientes, se prepara el menú y se recogen cada mañana los guisos que se servirán en el comedor ese día.

Desde las 13 hasta las 15:30 horas no cesa el entrar y salir de vecinos. Comensales que se sientan en las mesas de lo que antes era un salón de bodas y comuniones, sin nada que celebrar, esperando que pronto Baldomero vuelva a ser una salón y ellos solo vayan de visita.