Ignacio Domínguez Mallofret nació en el municipio de Riotinto, Huelva, el 1 de noviembre de 1914. O lo que es lo mismo, ayer alcanzó la simbólica y muy meritoria edad de cien años. Toda una vida cargada de historias, vivencias y episodios que contar.

A la edad de 15 años se vino a vivir a Sevilla, a la calle Peral, y conoció a Paco, el hijo mayor de un sastre, que le enseñó a planchar trajes. Desde aquel momento se dedicó a su profesión como planchista en sastrerías de la calle Feria y en la Cuesta del Rosario. Tan bueno era como planchista que sastres de gran talla de toda la ciudad requerían sus servicios.

Ignacio era y es muy devoto de la Macarena y le gustaba visitar los bares de la Plaza del Duque. Le encanta escuchar copla, en especial Rocío Jurado, Isabel Pantoja y Concha Piquer. Todavía ahora se arranca a bailar por sevillanas cuando escucha alguna.

El 21 de enero de 2004 ingresó en este Centro Residencial para Personas Mayores Heliópolis de Sevilla, llevando por lo tanto en la residencia casi 11 años.

Ha sido este centro el lugar donde se ha celebrado este emotivo cumpleaños, al que no faltaron sus residentes y trabajadores, su sobrina Aurora con su marido, un amigo de Ignacio, Emilio, y la Delegada Territorial de Igualdad, Salud y Políticas Sociales de Sevilla, Francisca Díaz Alcaide.

Ignacio es un hombre muy educado, elegante, aseado, y le gusta siempre ir «hecho un pincel». Según Julio, el geriatra del centro, su secreto reside en que siempre, todos los días, «toma una copita de Alfonso y una lonchita de caña de lomo ibérica». Sí señor, buen truco para llegar a los 100 años.