Aún están marcadas, en las retinas de los sevillanos, las coloridas estampas que ofreció el Carnaval Iberoamericano celebrado el pasado sábado.

Como una especie de «Carrera oficial» de la diversión y de la tradición latina, el desfile de 25 agrupaciones partía, en torno a las 14 horas, de una Puerta de Jerez donde no faltaba el sorprendido público.

El Carnaval Iberoamericano por la Avenida

El Carnaval Iberoamericano por la Avenida

Hay que recordar que esta iniciativa de la Delegación de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Sevilla alcanzaba este año su tercera edición, si bien era la primera vez que el cortejo discurría por las calles del Casco Antiguo.

Anteriormente lo hacía por los barrios. En 2014, por ejemplo, culminó en el Parque de los Príncipes.

«Qué faldas más largas, parecen flores al moverse», exclamaba absorta Cristina, una pequeña sevillana de 8 años al paso del desfile por la avenida de la Constitución.

La seriedad de la piedra catedralicia ofrecía un curioso contraste con los atavíos de las agrupaciones.

Del azul eléctrico al rosa palo, pasando por el plata, o la mezcla cromática habitual en los trajes típicos andinos.

Y que se pudo comprobar en grupos como el de «Tinkus» (nombre de un ritual y danza folklórica de Potosí).

Bolivia era el protagonista de esta edición, aglutinando 15 agrupaciones. Junto a ellas también discurrieron representaciones de Perú, Ecuador y Colombia.

Destino: Plaza Nueva

«Pueblos que se encuentran en el corazón de Sevilla, como nuevos sevillanos», explicaba el delegado Beltrán Pérez durante la presentación del evento. El concejal presidió, junto a otras personalidades como Rafael Belmonte, delegado del Distrito Bellavista-La Palmera, la tribuna situada en la Plaza Nueva, bajo el monumento a San Fernando, y que marcaba el final del recorrido.

Que no de la fiesta, pues el espectáculo, los bailes y la expresión cultural de las aproximadamente mil personas que lo hicieron posible se mantuvieron hasta bien entrada la tarde.

Tribuna presidencial bajo San Fernando

Tribuna presidencial bajo San Fernando

Hasta allí llegaron esos divertidos disfraces, como aquel que representaba a un monstruo-lobo mitológico, o los vestidos que conformaban lo que parecían ser grandes sombreros, con flequería colgante, superpuestos entre sí.

Acompañados siempre de un público constante, que no llegó en ningún caso a la aglomeración. «Pensaba que en Sevilla no había Carnaval», comentaba extrañado Alfonso, turista avilés en la ciudad, y espectador del cortejo iberoamericano.

Razón no le falta, si bien iniciativas como ésta, o como la «Trianá carnavalesca», que tuvo lugar el anterior sábado 14, recuperan una fiesta que, aunque perdida por el paso del tiempo, tuvo cierto esplendor en la época previa a la Guerra Civil.

Eso sí, se trataba de una fiesta más bien burguesa, «de bailes de sociedad en los círculos y casinos, de desfiles de automóviles con ‘distinguidos sportmen’ y ‘bellas señoritas’ disfrazados con lujerío, en batallas de papelillos y serpentinas por Las Delicias», en palabras de Antonio Burgos.

Lo vivido en pasado sábado fue muy diferente. Una expresión del pueblo. De varios pueblos. Que llenaron de color el centro histórico de esa ciudad de la que ya forman parte.