Eran cientos. Tantos que la organización se vio desbordada. Esperaban a un pequeño grupo para rememorar el viaje de los restos de los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo y Valeriano, por las calles de Sevilla hasta el Panteón de Sevillanos Ilustres. Un recorrido que cumplía este jueves, 11 de abril, 100 años.

La asociación Con los Bécquer por Sevilla organizó, con motivo del centenario de la llegada de los restos del poeta Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano, el pintor Valeriano, una ruta siguiendo el camino que hace 100 años muchos sevillanos realizaron para acompañar a los artistas. El itinerario arrancaba en la plaza de San Lorenzo, a escasos metros de la casa natal de los hermanos. Desde ahí, cientos de participantes deambularon siguiendo las explicaciones de los organizadores hasta San Vicente y, como final del recorrido, el Panteón de Sevillanos Ilustres en la iglesia de La Anunciación.

La música de violín y los poemas recitados en cada una de las paradas completaban este Via Crucis cultural. En cada estación, voluntarios desgranaban la obra del poeta y se leían textos que explicaban pormenorizadamente la importancia de estos dos artistas.

«Hemos querido rememorar la procesión fúnebre y, de paso, conocer los lugares emblemáticos de la juventud de Gustavo Adolfo y de Valeriano», explicaba uno de los organizadores, el periodista Guillermo Sánchez.  «La figura de Bécquer en Sevilla es fundamental desde un punto de vista literario, cultural y social», explica el escritor Gonzalo Gragera, presente en la ruta. «No podemos olvidar que Gustavo Adolfo es el padre de la literatura moderna», detalla.

Hace 100 años…

BécquerEn 1884 la Sociedad Económica de Amigos del País, con José Gestoso a la cabeza, solicita a las autoridades pertinentes el traslado de los restos de Gustavo Adólfo Bécquer a Sevilla. En 1912 la Real Academia decide que también vuelva Valeriano, el hermano pintor del poeta.

El 9 de abril de 1913 se exhumaron en la Sacramental de San Lorenzo de Madrid los restos de los hermanos Bécquer y fueron conducidos en una carroza de tiro de cuatro caballos a la Estación de Atocha. El 10 de abril llegaron a Sevilla, a las 7’40 de la mañana, a la estación de Córdoba donde fueron recibidos por el alcalde, Antonio Halcón. Se instalaron en una improvisada capilla ardiente y tras una ceremonia religiosa ésta quedó abierta al público. La lluvia impidió el traslado al Panteón de la Universidad y los restos fueron llevados a la capilla de las Siete Palabras en la iglesia de San Vicente.

El 11 de abril a las 2 de la tarde se celebró una velada literaria en el Museo, organizada por la Academia de Buenas Letras. Una vez finalizada los restos de los Bécquer se depositaron en una carroza de estilo romano y renacimiento con pebeteros en los ángulos en los que se quemaba incienso, que fue construida por los alumnos de la Academia de Bellas Artes. Después se inició la comitiva desde la iglesia de San Vicente hasta la Universidad Literaria donde los féretros fueron recibidos por el rector, Francisco Pagés. Según cuentan los periódicos de la época las calles estaban rebosantes de gente. Entre los que contemplaban el discurrir de la comitiva se encontraba un niño de 10 años: Luis Cernuda.

José Gestoso vio cumplido su deseo tras una espera de casi 30 años pero tuvo su merecida recompensa ya que reposa a pocos metros de su amado poeta.