Parientes lejanos. 2.074 kilómetros distan la italiana ciudad de Florencia de Sevilla. Distancia que separa a dos «primos» nacidos en el Renacimiento y que, a pesar de sus más de 500 años de edad, conservan unas proporciones que desatan el destello de flashes a su alrededor. Si bien el italiano gana en visitas al sevillano, este último puede presumir de vivir en la Casa de Pilatos: hogar de la réplica del David de Miguel Ángel.

La Casa de Pilatos, nacida de la unificación de varias viviendas a finales del siglo XV, muestra su atracción por el Renacimiento italiano, que combinado con el gótico mudéjar confieren una singular imagen a este palacio sevillano. Al rico exorno arquitectónico hay que sumar una notable colección de esculturas iniciada por Per Afán de Rivera, que sentía debilidad por las antigüedades clásicas.

La pasión del primer Duque de Alcalá no se limitó al coleccionismo, también sembró en él la inquietud sobre cuál era la mejor forma de mostrarlas. De ahí que, para estar al tanto de las nuevas formas de exposición, envío desde Nápoles al ingeniero Benvenuto Tortello, acompañado del restaurador Menichini para adaptar el palacio ducal a la moda expositiva de la época. Arquitectura a favor del arte.

La moda de la época pasó de la «cámara de las maravillas» a la exhibición de forma diseminada informal y de ahí a una tendencia intermedia, ordenada pero integrada en la arquitectura y el jardín. Es aquí, en una amplia zona ajardinada donde se muestra la réplica a pequeña escala del David de Miguel Ángel. En el interior de una hornacina, sobre otras esculturas clásicas.

La versión sevillana está lejos de los más de cinco metros de altura y los más de 5.500 kilos de peso. La talla de Miguel Ángel Buonarroti, realizada por encargo de la Opera del Duomo de la Catedral de Santa María del Fiore, se puede ver en la Galería de la Academia en Florencia. A 2.074 kilómetros está su «primo», en la Casa de Pilatos de Sevilla. No despierta tanto interés, pero está más cerca para los sevillanos.