«La situación de estrangulamiento está llegando al límite». Es el sentir de las salas de teatro independiente de Sevilla ante una situación que poco a poco se les va de las manos. Las butacas no se llenan y las ayudas han desaparecido como por arte de magia. Lo que antes estaba, ya no está. La sombra del cierre pende sobre estos programadores culturales que diversifican sus productos para salvar a un sector a la deriva.

La escena sevillana ha perdido en escaso margen de tiempo dos salas con historias distintas. El Espacio Endanza y la sala Fli, de la compañía sevillana Los Ulen, han echado el cierre. La primera, tras más de dos décadas programando danza; la segunda, una de las últimas en llegar tras la bonanza del sector en los últimos años, echa las persianas para dedicarse a producir obras, de lo que han vivido durante toda su vida. Ambos son dos ejemplos de las dificultades por las que pasa el teatro independiente.

«Si todo sigue así, vamos a tener que cerrar. Simplemente, no podemos», asegura el director de teatro y gerente de la sala La Fundición, Pedro Álvarez-Ossorio. «Los números no salen», confirma. En en centro de su crítica, el escaso apoyo que muestran las Administraciones a esta actividad económica. «Hemos sufrido recortes en el 75 por ciento de las ayudas», asegura.

Más IVA, menos público

Premios Escenarios SevillaA esta falta de respaldo denunciada por los programadores se suma la subida del IVA aprobado por el Gobierno, con un incremento del 13 por ciento en el precio las entradas. La respuesta del público, butacas vacías. «Si la gente no defiende su teatro, terminará por desaparecer», lamenta Álvarez-Ossorio.

Un total de 18 espacios escénicos con programaron con regularidad en la temporada pasada. En 2012 se organizaron seis festivales, 1.800 funciones, ofertando más de 800.000 butacas. El teatro sevillano movió en la ciudad un total de 8.500.000 euros, dando trabajo a 600 personas de forma directa y otros 5.000 indirectos. Estos datos, facilitados por la Asociación Escenarios de Sevilla, se traducen en que en la ciudad se ofertó una butaca por cada 88 habitantes, un número solo mejorado por Barcelona con 74 ciudadanos por asiento. En Sevilla, 20 obras se programaron de media a la semana.

«En cultura, un aumento de la oferta se traduce en una subida de la demanda y en Sevilla pasaba eso», afirma el presidente de la Asociación Escenarios de Sevilla y gerente de la sala La Imperdible, José María Roca. «Vivimos en una situación económica de emergencia y la cultura es lo primero que desaparece de la agenda de ocio de la gente», detalla.

Las salas, según el gerente de La Imperdible, «se están resintiendo y, en el caso de Sevilla, es especialmente alarmante».  «Se estaba creando una red de espacios privados muy interesante que incluso se estaba exportando a otras ciudades», explica Roca. «Gracias al Plan Director» se crearon en la ciudad salas como la TNT, el teatro Salvador Távora o FLI.

Solución: la ley de mecenazgo

Un potencial del que se beneficiaban compañías y actores, «además del turismo, porque no hay que olvidar que el teatro es un reclamo más para generar ingresos en la ciudad», asevera Álvarez-Ossorio. Dado el escaso empeño, según critican las salas, de las Administraciones en dotar de ayudas a este sector, la petición es otra: aprobar una ley de mecenazgo «que permita como en Francia o Alemania el apoyo de entidades privadas», confirma el presidente de Escenarios de Sevilla.

«La inversión pública es importantísima en sectores estratégicos», argumenta el director de La Fundición. «El teatro no existiría sin ser subvencionado. No hay otra. No nos engañemos», defiende Álvarez-Ossorio. «¿Cuántos empleos dependen de esta actividad? ¿cuánta gente se quedaría en la calle si cerrasen más salas?», se pregunta. «Vamos a volver a las salas de Sevilla previa a la Expo92, el Lope de Vega y poco más», critica.

Y, mientras llegan o no las ayudas, los programadores buscan fórmulas imaginativas que ayuden a paliar la situación actual. Crowdfunding, descuentos a grupos, estudiantes o jubilados y una programación con un alto contenido de comedia. «Es lo que pide el público», explica Roca. «Hemos empezado a expandir la oferta a teatros de la provincia, sacando un poquito de allí y otro de aquí da para mantenernos», afirma Álvarez-Ossorio. «Y compartiendo riesgos con las compañías y los actores», lamenta el director de La Fundición.

Las salas de teatro cuentan los minutos para que termine el final de una función con tintes de pura tragedia. Entre bambalinas esperan a echar el telón a la crisis; de lo contrario, se verán obligados a echar la persiana del cierre. Un dramático final que se solucionaría haciendo valer el clásico dicho: mucha mierda.