Descubrir aquello que está oculto. En lo material y en el imaginario colectivo. La Hermandad de la Soledad de San Lorenzo ha restaurado una de las joyas pictóricas de Sevilla, el mural de la Virgen de Roca-Amador. Una apuesta decidida de la junta de Gobierno con la que se pretende poner en valor los activos patrimoniales y espirituales de la hermandad.

La rehabilitación integral de la capilla de Roca-Amador es hoy una realidad de la que presume la hermandad de la Soledad. Han pasado 18 meses desde que el Miércoles de Ceniza de 2011 se presentase a la ciudad y al arzobispo, Juan José Asenjo, este proyecto de restauración. En buena parte, sufragado con el apoyo de la Real Maestranza de Caballería, quien ha participado aportando un 35 por ciento de los gastos. La hermandad ha completado la parte restante gracias a las aportaciones voluntarias de los hermanos.

«Es importantísimo que una entidad privada y religiosa pueda afrontar un reto de esta envergadura», ha resaltado durante la presentación el hermano mayor de la Hermandad de la Soledad, José Ramón Pineda. «Llevábamos muchos años preocupados por la situación de esta capilla pero económicamente no podíamos hacer frente al pago de esta restauración», ha explicado Pineda. «Hemos llamado a muchas puertas, la respuesta siempre ha sido no», ha recordado.

La Virgen de Roca-Amador es una pintura mural asentada en el muro sur primitivo de la Parroquia de San Lorenzo. Representa una antigua devoción francesa que reproduce una imagen mariana que sostiene al Niño con su brazo izquierdo. La obra data del siglo XIV y XV y es, junto a la Virgen del Coral de San Ildefonso y las de la Antigua y de los Remedios de la Catedral, la pintura de mayor antigüedad. La de mayor tamaño de las mencionadas.

Recuperación integral
Un total de 10.490 horas han sido necesarias para devolver el actual aspecto a la Virgen de Roca-Amador y, de forma paralela, al resto de la capilla: retablo, bóveda y muro oeste. Estos cuatro elementos forman un «conjunto que se ponen en valor mútuamente» y que se han restaurado en un «mismo acto», explica el restaurador de las pinturas Juan Abad.

Los principales problemas: la humedad y una grieta que algunos expertos atribuyen a los efectos del terremoto de Lisboa. En el muro oeste, «la raja había expulsado el mortero sobre el que se asentaba la pintura, un óleo sobre yeso», ha explicado el restaurador. En la bóveda, la humedad infiltrada provocó que los aglutinantes de la pintura, un temple, se deshicieran, dejando los pigmentos sueltos.

Hallazgos históricos
Pero la restauración ha descubierto más información además de las propias obras. El archivero de la hermandad, Ramón Cañizares, tras la investigación necesaria para la restauración, ha encontrado documentación que atribuye las obras de la capilla a Domingo Martínez y a Gregório Espinal. Además, dichos estudios revelan que los azulejos que cubren los muros son obra del desconocido Alonso de Valladares, perteneciente a una saga de ceramistas de Triana.

Los azulejos de estilo manierista datan de finales del siglo XVI y principios del XVII, según ha reconocido el restaurador Alfonso Orce. Este profesor ha encontrado indicios de una restauración fechada en 1719, «algo insólito en el siglo XVIII dado que no se conocen actuaciones similares en ese tiempo», ha afirmado Orce. Tras el terremoto de Lisboa de 1755, se tiene constancia de una nueva restauración dos años después.

La Parroquia de San Lorenzo expondrá los enseres de la hermandad de Roca-Amador desde el 15 hasta el 24 de noviembre. Los actos con motivo de la reapertura al culto de la Virgen se completan con una conferencia sobre la historia de la hermandad y una mesa redonda sobre las vivencias del Pregón de las Glorias. El próximo 2 de diciembre el arzobispo de Sevilla, Juan José Ansejo, reabrirá para el culto la restaurada capilla.