Sevilla guarda en cada rincón una historia, algunas anónimas y otras archiconocidas, que han ido configurando el ente de la ciudad. «Aquí fue donde…» podría titularse perfectamente ese libro de tradiciones secretas que cada sevillano tiene escrito en su mente. Es una ciudad tan idealizada, repleta de tradiciones y leyendas, que muchos de estos mitos han dado nombre al lugar, como es el caso del Costurero de la Reina.

Tres años después de la muerte de Antonio de Orleans, su esposa María Luisa Fernanda regaló a la ciudad el actual parque que lleva el nombre de la infanta. Ese mismo año de 1893, en la zona que continuó siendo privada de los jardines del palacio de San Telmo, comenzó a edificarse uno de los edificios más característicos de la ciudad, realizado por el arquitecto Juan Talavera y de la Vega. En una de las esquinas del muro que delimitaba estos jardines, mirando hacia Tablada, había un portón por donde entraban los carros con los víveres y por el que salía el duque a caballo para cazar en la dehesa de Tablada. Para proteger esta puerta del palacio, los Montpensier mandaron a construir un pequeño castillete a modo de garita para el cuerpo de guardia de la corte.

Cuenta la leyenda que Don Antonio de Orleans, tras la fallida conspiración por el trono de España, juró que algún día su hija María de las Mercedes sería Reina. El problema es que Merceditas, como así la conocían, era una niña muy débil y pálida, por lo que el médico del palacio en petit comité afirmaba que con esa carita era complicado que la niña se casara. Por ello, el médico le mandaba que tomara el sol durante el tiempo que estuviera cosiendo, que era una de sus aficiones.

El duque de Montpensier consiguió lo que se había propuesto. Tras la restauración de la dinastía de los borbones, el nuevo Rey Alfonso XII se vino a vivir al Alcázar de Sevilla, donde se enamoró de la ciudad… y de su prima María de las Mercedes. Dicen que el Rey dejaba sus labores en el Palacio Real y se desplazaba a caballo rodeando el muro de San Telmo hasta llegar a ese catillete para el guarda, donde la hija del duque se encontraba cosiendo y tomando el sol tal y como le había recetado el médico.

En aquel lugar, cuentan, que se fraguó la historia de amor de Alfonso XII y María de las Mercedes, hasta que se casaron, convirtiéndose ella en Reina consorte de España. Ambos se marcharon a vivir al Palacio de Oriente, pero poco les duró la felicidad ya que el delicado estado de salud de Merceditas se recrudeció y, de nuevo, la mandaron a Sevilla para que se curara tomando el sol, alejándola del frío. Por ello, marchaba al castillete donde se inició su historia de amor con el Rey, y allí se distraía cosiendo. Alfonso XII, en una de sus visitas, vio que no mejoraba, por lo que se la llevó a Sanlúcar de Barrameda y, más tarde, a Madrid, donde finalmente falleció dejando viudo al Rey. Dicen que el último lugar de Sevilla que quiso ver en su viaje a Madrid desde Sanlúcar, fue la garita del guardia.

Es por esta legendaria historia de amor, por lo que aquel castillete que hacía las veces de vigía de los muros del palacio de los Montpensier pasó a denominarse como el Costurero de la Reina. No obstante, la leyenda no deja de estar alejada de la realidad, ya que la Reina falleció en 1878 y el castillete fue construido en 1893.

 

El castillete hoy en día
Este famoso edificio fue reformado por el Ayuntamiento de Sevilla en 2007, pasando a ser Oficina Municipal de Información Turística en la planta baja. La primera planta se habilitó como sala de exposiciones, además de acoger las dependencias administrativas del Consorcio de Turismo. La azotea, el lugar donde el mito cuenta que la Reina tomaba el sol, fue adaptada como mirador.

Es el primer edificio de estilo neomudéjar de Sevilla, estilo que inspiró al Regionalismo de Aníbal González para realizar la Plaza de España.

 

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