¿Puede haber creación cultural sin implicación política? El debate, de actualidad por mor de la última gala de entrega de los Premios Goya, está de candente actualidad. La obra «Tomar partido» (Taking Sides), escrita por Ronald Harwood y dirigida por el director sevillano Pedro Álvarez-Ossorio, propone una reflexión sobre esta cuestión en el teatro Lope de Vega.

Año 1945. El partido Nazi cae en Alemania. Los aliados someten a estudio a todos los alemanes sobre los que pende la sombra de la sospecha. Entre ellos está el director de orquesta Wilhelm Furtwängler, quien ha pasado los años del nazismo al frente de la Filarmónica de Berlín. El encargado de esclarecer los hechos es el comandante Steve Arnold, interpretado por el actor Antonio Dechent, quien tratará de buscar la conexión del músico con la cúpula nazi.

«¿Se puede crear algo cultural y ser ajeno a la política que te envuelve?», se cuestiona el director de la obra, Pedro Álvarez-Ossorio. «Es una reflexión muy de actualidad», afirma. «La obra, a pesar de situarse en 1945, es un tema que podría ocurrir en la esquina de al lado», explica el director.

Tomar partido«Tomar partido» (La Fundición) es la segunda creación de la dupla Álvarez-Ossorio y Dechent tras resucitar, teatralmente, al general fascista Gonzalo Queipo de Llano en la obra «El sueño de un general», que continúa sus representaciones. En esta ocasión, Dechent acepta de nuevo el desafío que le propone el director para dar vida a un personaje «muy de la tierra», explica el actor de Triana. «Indudablemente, no hay un actor en España que pueda interpretar este papel mejor que Antonio Dechent», afirma Álvarez-Ossorio.

«Tenemos una concepción muy similar del teatro y Antonio es un actor de una enorme potencia», detalla el director. El reparto lo completa, José Manuel Poga, Roberto Quintana, Emilio Alonso, Rocío Borrallo  y José David Gil.

«¿Es necesario tomar partido? ¿Qué debería haber hecho Fürwangler? ¿Debió quedarse, como hizo, o simplemente debió huir para no colaborar con aquel régimen?», se cuestiona. Basada en hechos históricos, la obra no busca enjuiciar y condenar como en tantas otras ocasiones, propone los interrogantes del debate universal sobre Arte y Política, sobre el hombre y el artista, y en definitiva sobre las miserias y las grandezas del ser humano.