Herrera el Viejo o Juan del Espinal firman obras que pueden verse en Sevilla sin necesidad de entrar en ningún museo. Están en la calle, en una atípica pinacoteca catalogada como Patrimonio de la Humanidad. Las Gradas de la Catedral de Santa María de la Sede acoge en su fachada de la calle Alemanes varias pinturas que se pueden ver tras la restauración acometida en los últimos meses. El resultado llama la atención de los viandantes ante el detalle recuperado, que antes pasaba totalmente desapercibido para muchos sevillanos.

Las obras de la fachada norte, que da a la calle Alemanes, donde está la puerta del Perdón, son las supervivientes de una rico discurso iconográfico que circundaban el perímetro de la Catedral, que llegó a albergar imágenes religiosas de los grandes pintores sevillanos del siglo XVI y XVIII. El objeto de sacar estas obras al exterior era para que los feligreses pudieran rendir culto a unas obras que llegaron a estar hasta en la Giralda, según explican los restauradores ARS Nova, responsables de este trabajo.

«De aquellas pinturas que decoraban los muros exteriores de la catedral no queda prácticamente nada, como los murales que Luis de Vargas realizó en la Giralda entre 1563 y 1568, o los óleos sobre lienzo dispuestos en el pórtico alto del muro norte de la iglesia del Sagrario de la catedral», detallan los restauradores.

«Es una fachada muy interesante», explica Fabián Pérez Pacheco, uno de los dos restauradores, junto con Eva Morata, que han llevado a cabo la recuperación de estas obras. «La fachada norte aparece en los cuadros de Domínguez Martínez, que datan del sigo XVIII, lo que ya de por sí denota que fue una fachada muy importante», detalla.

Nazareno de los Ajusticiados

La Catedral «era un soporte donde se daban elementos de iconografía parlante». Como los que en su día albergó la Giralda, dos cuadros murales que representaban a San Leandro y San Isidoro, obras ambas de Luis de Vargas, quien también pintó el Nazareno llamado popularmente «de los Ajusticiados», por vestir túnica blanca y una soga al cuello, «similar a los presos que eran colgados en la Puerta Jerez y que paraban bajo ese cuadro para rezar por última vez», sostiene Pérez Pacheco.

Sin embargo, el Nazareno que se conserva actualmente es una copia el original que data de 1563 y obra de Luis de Vargas realizada por Juan del Espinal. El cuadro primitivo quedó dañado tras un temporal que destrozó la cristalera que lo protegía. En él se representa un nazareno con la cruz invertida que inspiró la talla del Nazareno del Sagrario, de estilo manierista y, por tanto, del tercer tercio del siglo XVI, posterior a la obra de Luis de Vargas, quien trae el Renacimiento pictórico a Sevilla.

Este Nazareno «es una estampa muy copiada en la iconografía sevillana», explica el restaurador, que tiene constancia de una réplica «fidedigna» realizada por Francisco Pacheco. La obra muestra el instante en el que Jesús clava la cruz en el calvario y no su camino, «por eso la lleva al revés». Junto a él están Simón el Cirineo y las tres Marías con San Juan, el único apóstol que estuvo presente.

La Inmaculada de Herrera el Viejo

La Inmaculada de Herrera el ViejoOtro de los detalles que muestran la importancia de estas obras en la sociedad sevillana es que el cuadro de la Inmaculada de Francisco Herrera el Viejo fue sufragado por los gremios de los sederos y los gorreros. «La sociedad civil quiso mostrar que Sevilla se hizo inmaculista», destaca Pérez Pacheco. La restauración de esta obra deja una curiosidad sobre su baraje artístico.

La Inmaculada, realizada en 1616 por Francisco Herrera el Viejo, fue pintada de jacinto y azul; sin embargo, en restauraciones posteriores se decidió poner «a la moda» y se repintó con blanco y celeste sus vestiduras. «A pesar de las modificaciones sufridas por el cuadro, en el rostro de María se aprecian los rasgos de estilo de Herrera el Viejo: su técnica lineal y dibujística, sus ojos y párpados redondeados y la aureola estrellada, radiante y alternando el azul y el celeste. En ella podía mos observar la capa pictórica de la obra original», explican los restauradores, que también acometieron la mejora de la Asunción de María, que se sitúa sobre la portada del Perdón de la Catedral.

Otra de las curiosidades que han llamado la atención de los restauradores son los murales de la portada de la Biblioteca Colombina y, más en concreto, la Virgen de la Antigua, que captó el interés de los expertos por su estado, muy deteriorado, y su factura, simple y con poco detalle. Esta pintura es la réplica de un óleo sobre cobre que se conserva en el interior de la biblioteca. «Este cobre dignifica mucho la simpleza técnica de la portada», afirma Pérez Pacheco. La obra data de 1785.