«Ya va llegando la época triste, ese momento en el que el taller se me queda vacío, ese día en el que digo adiós a mis imágenes para que sean fuente de devoción de muchos feligreses», así describe Jesús Cepeda, escultor e imaginero sevillano, el momento previo a la Semana Santa, cuando su trabajo de más de nueve meses se traslada a un templo para formar parte de una Hermandad.

Cepeda nació en el seno de una familia muy creyente, y desde niño, ha estado muy vinculado al mundo cofrade. Asegura tener la vocación desde muy pequeño, pero realmente se dio cuenta que se quería dedicar a esto cuando empezó a despuntar en el colegio en las asignaturas de arte «ahí fue cuando supe que podía unir mis dos pasiones: el arte y la Semana Santa», indica Jesús. Con tan sólo nueve años, empezó a formarse en el taller de Juan de la Cruz y posteriormente en el de Jesús Méndez Lastrucci, finalmente, en 2008 cumplió su sueño, tener su propio estudio.

Tiene singularidades de artista, y es que lo es. Su ritual empieza cada año, tras el Domingo de Resurrección. Cada temporada, después de este día, se toma una semana de vacaciones «a la vuelta limpio todo el taller y enciendo una vela nueva, que supuestamente se consume durante la temporada y se la pongo al Cristo del Gran Poder». Del Cristo del Gran Poder es devoto y siente algo especial cuando lo ve pasear por las calles de Sevilla, pero el sentimiento es diferente al que tiene cuando contempla una imagen suya «me siento muy orgulloso cuando veo mi obra en el paso, siento algo especial, es como ser el brazo entre lo divino y lo humano».

Actualmente,  está trabajando en cuatro figuras de tamaño natural, que son un encargo de la Hermandad del Santo Entierro de Escacena del Campo, Huelva, que vienen a completar el paso de misterio. Concretamente, este escultor está realizando a San Juan, María Magdalena, José de Arimatea y Nicodemo. Todo ellos están inspirados en amigos y familiares del artista «suelo beber del natural». El estreno será este Viernes Santo, sólo espera que si llueve no saquen las imágenes a la calle «pediría que la Hermanadad no arriesgase, a todo el mundo le duele que llueva en nuestra semana grande, pero el escultor sufre muchísimo al ver una cofradía en la calle cuando se está mojando, eso es lo pero de este trabajo».