Oro, plata y bronce. Los metales de la gloria deportiva también tienen réplica en las torres sevillanas. La muralla almohade unió en tiempo estas tres edificaciones monumentales de las que en la actualidad, solo una goza de fama: la del oro. Como en cualquier competición, son pocos los que se acuerdan de los segundos y terceros; algo que también pasa en el patrimonio.

Los 36 metros de altura hacen de la Torre del Oro una de las referencias obligadas para los turistas que visitan Sevilla. Es una torre formada por tres cuerpos, el primero, dodecagonal, fue construido entre 1220 y 1221 por orden del gobernador almohade de Sevilla, Abù l-Ulà. El segundo cuerpo, también dodecagonal, fue mandado construir por Pedro I en el siglo XIV. El cuerpo superior, cilíndrico y rematado en cúpula, fue construido en 1760 por el ingeniero militar Sebastián Van der Borcht.

Posiblemente su nombre en árabe era Bury al-dahab, Borg al Azahar, o Borg-al-Azajal en referencia a su brillo dorado que se reflejaba sobre el río. Durante las obras de restauración de 2005, se demostró que este brillo, que hasta entonces se atribuía a un revestimiento de azulejos, era debido a una mezcla de mortero de cal y paja prensada.

Torre del Oro

El nexo, la muralla

La datación de la muralla almorávide de Sevilla es aproximadamente hacia 1125. El último añadido de la muralla de la Sevilla árabe, exceptuando la zona palaciega del flanco Sur de la ciudad, tiene lugar en las postrimerías de la etapa almohade con la construcción de la Torre del Oro y las Murallas que unían la coracha con el resto de la ciudad hacia el 1220. Al año siguiente se construye la barbacana y el foso. Además se sobrealzan los muros del perímetro total de la cerca para dejarlo a la misma altura que el nuevo sector almohade construido a la orilla del río por el lado de la Torre del Oro.

La Torre de la Plata es una torre octogonal del siglo XIII, situada en la calle Santander, que se unía por un paño de la muralla de la ciudad, parte del cual fue derribado en 1821 a la Torre del Oro. En tiempos de Alfonso X, era también conocida como torre de los Azacanes.

Probablemente en su origen los paramentos de la torre estuvieron cubiertos por un enlucido encalado, de ahí el nombre de Torre de la Plata con el que siempre se ha conocido a esta atalaya.

En el siglo XVIII, fue parcialmente ocultada por la construcción de una serie de viviendas según el proyecto del arquitecto italiano Vermondo Resta.3 A finales del siglo XX, fue utilizada como cobijo por indigentes. Fue restaurada parcialmente en 1992. Se encuentra en un estado pésimo siendo la vegetación la que inunda grandes partes del espacio.

En la actualidad un muro de nuestra época divide un patio adyacente con un aparcamiento, sobre el que en el siglo XVII se situó el Corral de las Herrerías. Hay voluntad para acondicionar este terreno como jardines.

La olvidada, la Torre de Bronce

La Torre del Bronce es una torre de planta cuadrada que formaba parte del recinto defensivo de la ciudad. Fue construida durante el periodo de dominación almohade, entre finales del siglo XI y principios del siglo XII. Se encontraba en línea con la Torre del Oro y la Torre de la Plata, entre la actual Casa de la Moneda y el Río Guadalquivir.

Se trata de una construcción que se descubrió en el año 2012, con motivo de las obras de restauración de un edificio al que estaba adosada. Solo se conserva una parte de la base, el nombre ha sido propuesto recientemente, pues no existe constancia documental de ninguna denominación.

Durante el periodo de dominación islámica de la Península Ibérica, los almorávides iniciaron la creación de un amplio recinto amurallado para la ciudad de Sevilla que más adelante ampliaron los almohades. Típico de este periodo son las torres albarranas, construcciones defensivas situadas fuera de la muralla principal y conectadas a la misma por murallas secundarias o corachas. Servían como puestos avanzados de observación y defensa, para ampliar el perímetro defensivo en determinados puntos estratégicos. Resultaban muy útiles en caso de ataque a la ciudad por un contingente enemigo. La Torre del Bronce sería por lo tanto una de las torres albarranas que defendían la ciudad, localizándose en un punto estratégico por su proximidad al Guadalquivir.