Su nombre obedece a la pura geometría. Siete revueltas. Siete giros en la ciudad de las siete letras. Siete. Sevilla. En menos de 200 metros, siete esquinas que hacen de esta escondida vía del centro de la ciudad en una callejuela sui generis.

Sus reviradas datan de al menos 1429, recogidas en manuales que destacaban en irregular trazado de esta callejuela situada hoy entre la Plaza del Pan con Don Alonso el Sabio. Una vía que transcurre paralela y perpendicularmente, según el tramo por el que se transita, a la calle Puente y Pellón.

La calle acogió a un gremio de herreros desde 1460 y 1585, dándole el nombre de Herreros o Herrero Viejo al tramo más próximo a la calle Jesús de la Pasión. Una nomenclatura que se perdió en la reforma general del callejero de 1845. Se impuso Siete revueltas.

Sin aceras, pues sus apenas tres metros de ancho dificultan la circulación de vehículos, a pesar de que por ella circulaban todo tipo de carruajes y era una vía de mucho tránsito. Siete ángulos, algunos más o menos acentuados, van cortando esta calle en tramos. La angostura refresca el vetusto adoquinado, de gran tamaño y desnivelado, que data de 1911. Su trayectoria serpenteante esquivó los proyectos de alineación aprobados en el último tercio del siglo pasado.

bar europaEl bar Europa recibe a los transeúntes que acceden a la Siete revueltas por la Plaza del Pan. Su fachada alicatada con vistosos y antiguos azulejos evidencian los casi 90 años de historia. Su barra empezó a servir viandas en 1925. El viandante podrá disfrutar aquí de las clásicas croquetas de jamón ibérico o el chop suey de langostinos.

Lugar de imprenteros y casas de citas

Calle residencial de casas de tres alturas en su mayoría con escasa presencia comercial, la Siete revueltas fue en su día aglutinadora de prestigiosas imprentas. Desde la de Andrea Pescioni a finales del siglo XVI y sustituida por la de Juan de León, y la de Tomás López de Haro en el XVII y la de los Puertas en el XVIII. Algunos historiadores sitúan en esta calle una fábrica de velas de cera, a mediados del siglo pasado, pero el fuerte olor ocasionó quejas por parte del vecindario.

Los vericuetos y su morfología caracterizó la Siete revueltas por acoger la casa de citas de la Alcahueta la Lagarta, que el historiador Miguel Mañara singulariza por los frecuentes escándalos, robos y camorras. En esta vía convergen prostitutas, soldados y forasteros al calor de las tabernas establecidas en sus inmediaciones.