El Festival de Cine Europeo de Sevilla, que este año celebra su edición número doce entre el 6 y el 14 de noviembre, extiende más allá de los días que dura el evento su labor de traer cine de calidad a la ciudad. Entre el 17 de septiembre y el 4 de octubre se podrá disfrutar en el Teatro Alameda de una selección de títulos que recoge, en primer lugar, películas de estreno que no han llegado a las salas sevillanas y, en segundo, una serie de clásicos de comedia británicos.

El primer bloque lo componen tres películas recientes de admirable recorrido por festivales y salas de todo el mundo. Así, el ciclo se abre el 17 de septiembre con «El cartero de las noches blancas» (en la imagen que abre esta noticia), que le valió a Andrei Konchalovsky un León de Plata en el Festival de Venecia. Konchalovsky, autor de míticos títulos como Siberiada y Runaway Train, coguionista de Andréi Rubliov junto con Tarkovski y hermano del oscarizado Nikita Mijalkov, se inspiró en Chejov y Bresson para filmar este retrato de un pueblo aislado cuyo único contacto con el mundo es el cartero del que habla el título. Filmado con actores no profesionales en los imponentes paisajes del norte de Rusia, la película conjuga una experiencia inédita y difícil de comunicar con un raro sentido del humor.

El viernes 18 de septiembre se podrá ver «Qué difícil es ser un Dios», la última obra del megalómano, genial y polémico director ruso Aleksey German, recientemente fallecido, premio honorífico en el Festival de Roma. La película, que tardó más de diez años en ser completada en medio de un infernal rodaje, cuenta la historia de unos científicos que son enviados al planeta Arkanar, donde la civilización se ha quedado estancada en la Edad Media. Una tierra sucia y brutal, donde uno de los investigadores es tomado por el hijo ilegítimo de Dios. Estéticamente asombroso, el film es la épica adaptación de la novela de los hermanos Strugatski.

El sábado 19 de septiembre le llega el turno a «Una chica vuelve a casa sola de noche», una película cuya directora, Ana Lily Amirpour, describe como «un spaghetti western iraní de vampiros». Enigmática premisa que nos trae la historia de amor imposible entre una joven y peculiar vampiresa y una suerte de moderno James Dean, en un film hechizante con aires a los primeros Jarmusch y Coppola. Producida por VICE, se ha convertido en la sensación del último año cosechando premios como el otorgado a la Mejor Ópera Prima del Festival de Sitges, y el Premio del Jurado Joven del Festival de Deauville.

La segunda parte del ciclo hace un repaso por algunas de las mejores comedias de la época dorada de la Ealing, mítico estudio londinense cuyo cine mezcló como ninguno humor negro, excentricidad y una punzante visión de la realidad de su tiempo.

Se abre el ciclo el jueves 1 de octubre con «El quinteto de la muerte» (1955), de Alexander Mackendrick, protagonizada por los grandes Alec Guiness y Peter Sellers. La película (de la que en 2004 harían un remake los hermanos Coen, Ladykillers), cuenta la historia de una banda de ladrones, liderada por el profesor Markus, que planea un robo en casa de una anciana señora que les alquila dos habitaciones. Cuando la señora se inmiscuye en sus planes intentan eliminarla. Solo que no es tarea fácil.

Ganadora de un Oscar al Mejor Guión y del Premio BAFTA a la Mejor Película, «Oro de barras» (1951), de Charles Chrichton (quien años más tarde dirigiría «Un pez llamado Wanda»), sigue el ciclo el viernes 2 de octubre. También con Alec Guiness y con la aparición de una jovencísima Audrey Hepburn, la película narra el cambio de un funcionario de un banco que supervisa el traslado de cargamentos de oro, que decide reconvertirse en ladrón millonario con una triquiñuela: trasladar oro desde Inglaterra a Francia en forma de souvenirs de la Torre Eiffel.

También de Alexander Mackendrick es «El hombre del traje blanco» (1951), que el sábado 3 de octubre ocupará la pantalla del Alameda. Una película que parece anticipar el tema de obsolescencia programada a través de la historia de Sydney Stratton (Guiness de nuevo), investigador que inventa un tejido que no se mancha ni se rompe, que es perseguido por los empresarios del textil que ven una amenaza a su negocio en tan revolucionaria tela.

El domingo 4 de octubre cierra el ciclo «Ocho sentencias de muerte» (1949). Robert Hamer firma este corrosivo retrato de la lucha de clases. Louis, es un hombre de ascendencia noble, despreciado por su clan, los Ascoyne pues su madre se casó con un plebeyo italiano, cantante de ópera. Con el objetivo de recuperar su título nobiliario, se propone matar a los ocho miembros de la familia que le anteceden como herederos del ducado. Petulantes y estirados aristócratas a cual más extravagante que le darán no pocos dolores de cabeza.