Olmo, un sevillano de 18 años, prepara las próximas olimpiadas lejos de gimnasios y pabellones de deportes. En su modalidad de competición son innecesarias las pesas, no se juega con balones o raquetas ni hay riesgo de dopaje. Su actividad no mueve masas pero sí la evolución de la humanidad. Cada viernes prepara su cerebro para un campeonato nacional de matemáticas.

Es un chico normal. 18 años, sevillano, del Real Madrid, amigo de sus amigos, aficionado a los videojuegos… y le gustan las matemáticas. Olmo Chiara Llanos, alumno de duodécimo curso del Colegio de San Francisco de Paula, será uno de los representantes de Sevilla en la fase autonómica de la Olimpiada Matemática, organizado por la Real Sociedad Matemática Española.

El alumno Olmo ChiaraTodo empezó en el concurso de otoño de matemáticas.  «Se perdía un día de clase, iba con los amigos. ¿Había un concurso de matemáticas? Sí, pero se pasaba bien», explica entre risas Olmo. Este año, ha sido uno de los finalistas, de entre unos 40 jóvenes, de la fase local de las Olimpiadas Matemáticas, que a principios de abril celebra la final nacional en Bilbao. De ahí, seis elegidos participarán en el concurso internacional en Colombia.

El nivel, «alto». «La clave es que haya gente que lo haga peor que tú», explica Olmo. «La dificultad de mucha pero para todos igual», confirma. En su expediente, un 9,8 de media en Primero de Bachillerato; un 10 en matemáticas, su asignatura preferida. «La Historia está bien, pero donde se ponga una ecuación…», desvela.

«De las matemáticas me gusta que solo haya una solución pero que puedes llegar a ella de muchas vías», confiesa Olmo. «La respuesta está restringida pero el modo de acceder a ella es muy amplia», afirma. Esa es una de las dificultades de las olimpiadas.

Problemas de ideas felices

«La técnica es sencilla, el problema es tener la idea correcta para alcanzar la solución», detalla. «Recuerdo que en el último problema, uno de los más complicados de la prueba, todos los participantes nos mirábamos con cara de no saber por dónde empezar a resolverlo. La respuesta estaba en algo tan simple como el teorema de Tales», recuerda este alumno de Segundo de Bachillerato.

En su casa el concurso se vive con mucha ilusión. «A veces pienso que ellos están más entusiasmados que yo», confirma Olmo, quien se siente «el raro de la casa», comenta entre risas. «Mi madre es periodista y mi padre, abogado; todos son de letras, menos yo», afirma. «Es curioso», revela. En su clase, ánimos. «Mis compañeros hicieron un club de fans para apoyarme en el concurso», explica.

En el futuro, «estudiar la carrera de Matemáticas y compaginarla, en la medida de lo posible con la de Informática», adelanta. Una doble carrera que es posible estudiar en Madrid y Barcelona pero no en la Universidad de Sevilla.

Olmo no quiere perturbar su entrega a los estudios y, por aquello de las Olimpiadas, a las matemáticas. «No hay novia, ni voluntad de tenerla», confiesa. En apenas dos meses estará en Bilbao representando a Sevilla en el concurso, hasta entonces su entrenamiento sigue sin cesar. Algoritmos que ponen a punto a un futuro matemático.