El telón se ha echado en la tarde de este miércoles para los talleres del distrito Casco Antiguo. Los alumnos del taller de teatro, manualidades, pintura, fotografía, cerámica y un sinfín de alternativas han dicho hasta luego en unas jornadas en las que muestran sus trabajos, que en muchos casos evidencian la altura de las clases.

Hay nervios entre las bambalinas del centro cívico Las Sirenas, aunque traten de disimularlo. Todo está dispuesto para que comience la representación de la obra «Dos criados, un fontanero y una leona». El patio de butacas está repleto, algunos hasta están de pie. Por delante, una función de más de media hora para la que llevan ensayando meses. Comienza la función.

Manuela Luna, la monitora del taller de teatro, presume de alumnos, o más bien alumnas; dado que solo hay un hombre en el grupo. Desde los 15 años hasta los 71. Amas de casa, paradas, jubiladas, estudiantes… la diferencia marca el grupo, que se divierte y hace divertir sobre el escenario.

detalle de los trabajos de los alumnos«Más que un taller de teatro ha sido de risoterapia», confiesa Mabel, una de las participantes. «Una vez que nos hemos jubilado nos hemos tirado al arte», añade la actriz. Para las más jóvenes, el taller es también una forma de iniciarse en lo que tal vez puede ser una profesión. Aptitudes no faltan. «Nosotros les aportamos experiencia y ellas nos dan ganas de vivir», explica Paulina delante de Cristina y Blanca, dos estudiantes de 4º de la ESO.

En algunos casos, el acudir al taller es más que ir a recibir clase. «Hay alumnas que me dicen que soy su pastilla», confiesa la Manuela, la profesora. «Aquí todas hacemos de psicóloga, de amigas, de madres, de hermanas, de colegas… hay muy buen ambiente», detalla. «Además, las alumnas aprenden y desarrollan muy bien sus capacidades como actrices», destaca.

En el patio de butacas, la delegada del Distrito Norte, Amidea Navarro, quien ha valorado muy positivamente el trabajo realizado por estas alumnas en el taller de teatro. «Menuda sorpresa me he llevado, he salido maravillada del talento y la profesionalidad que han derrochado estos actores con mayúsculas que nos han hecho pasar una tarde entretenidísima», ha afirmado a la salida de la función.

De forma paralela, mientras los aplausos iban in crescendo en el salón de actos, otras dependencias del centro cívico Las Sirenas acogían las exposiciones de otros talleres. Desde cuadros a fotografías pasando por encajes de bolillos o cerámicas. Una muestra que para muchos tiene un sabor agridulce.

«Qué vamos a hacer hasta que empiecen los talleres del año que viene?», se pregunta Isabel, una de las participantes del taller de anualidades. «El ratito que echamos es muy bueno y estamos deseando de que llegue el día de las clases», afirma. «Además hemos hecho un grupo muy bueno y solemos quedar para hacer comidas en navidad, en la feria o en la clausura del taller», explica.

Detalle de trabajos del taller de pinturaMientras Isabel presume de las lámparas, los manteles, las peinas y demás manualidades, Lucía y Maite muestran sus creaciones en el taller de cerámica, modelado y vidriera. Este es su segundo curso y, por la actitud mostrada, no será el último.

«Repetimos la experiencia del año pasado y el que viene haremos lo mismo», afirma Lucía. «A principios de septiembre nos solemos pasar por el distrito y empezamos a preguntar por la fecha de inscripción», explica. Este año, dado el aumento de las solicitudes, hay interesados que no han podido participar en este taller.

«Está muy bien porque aprendes las técnicas básicas y después amplías siempre sujeta a tus preferencias, no hay un temario marcado que imponga lo que debe hacer cada alumno», detalla Maite. Para algunos alumnos este taller ha servido para sacar algunos euros al vender las piezas. «Los hay que pueden vender pendientes de cerámica; nosotras lo planteamos más como una afición y siempre nos queda poder regalar alguna pieza a familiares y amigos», concluyen.

Para algunos participantes, mayo es el mes en el que entonar el adiós a compañeros y monitores; otros, la mayoría finalizan el curso cargados de ganas de convertir ese adiós en un simple hasta luego. Todos coinciden en recomendar la experiencia.