El toreo de salón ha salido a la calle en Sevilla, de la mano de los diestros Antonio Nazaré y Saúl Jiménez Fortes, que han protagonizado una exhibición en una de las plazas más hermosas de la ciudad, la del Salvador, y que se han ganado al público con tan peculiar iniciativa en defensa de la fiesta, a la que también quiso sumarse el delegado de Participación Ciudadana y Coordinación de Distritos, Beltrán Pérez, que demostró sus dotes en el manejo de los trastos.

El público que ha seguido las evoluciones de los toreros en las mismas puertas de la iglesia del Salvador, ha respondido con aplausos a cada ejercicio de los toreros, a la vez que los fotografiaban o grababan en vídeo.

Los matadores llevaban micrófonos para explicar en qué consistía cada uno de sus ejercicios, mientras que el periodista taurino Álvaro Rodríguez del Moral desentrañaba ante la concurrencia los pases que daban, sus nombres y utilidades, así como las dificultades de la ejecución y la eficacia de los ejercicios.

Como «manifestación taurina» han calificado los organizadores esta exhibición, la asociación Juventud Taurina de Sevilla, conscientes de que el movimiento antitaurino ha comido el terreno de la afición en las calles, para lo cual han aprovechado el centenario de la alternativa de Belmonte, cuando los niños jugaban a toreros en las calles de Sevilla.

Una docena de niños ha asistido a la exhibición con sus trastos de torear y cuando los maestros han terminado se han adueñado de la plaza desplegando sus capotes y muletas, como si realmente hubieran asistido a «una lección magistral de toreo de salón», como ha indicado Rodríguez del Moral, para quien el toreo «es una de las manifestaciones más bellas, íntimas y propias» de la cultura española.

En su introducción a los ejercicios, el periodista ha explicado que el toreo de salón «es un ejercicio interno que exige mucha concentración y que es fundamental para el entrenamiento físico y mental de los toreros», lo que han corroborado ambos diestros, que han asegurado que en estos entrenamientos efectúan todo lo que luego se les exige en la plaza.

Saúl Jiménez Fortes ha iniciado los ejercicios toreando a la verónica y, mientras un joven aficionado ocupaba el lugar del toro, ha explicado que estaba «dándoles los frentes al toro para comprobar su obediencia y velocidad».

A ese ejercicio ha seguido el de Antonio Nazaré, con chicuelinas rematadas por una larga trocada en revolera, que se hacen cuando el astado ya está picado y, como ha señalado el diestro, «es como bailar un poco con el toro».

Ambos diestros, presentes en los carteles de esta Feria de Abril de Sevilla, se han replicado los quites ejecutando tijerillas, largas cambiadas y gaoneras, pases con los que Saúl Jiménez ha querido recordar a Antonio Ordoñéz y esa combinación denominada «el quite de Ronda» por ejecutarla toda la estirpe del maestro Ordóñez.

Saúl Jiménez Fortes, que al coger la muleta ha asegurado que el toreo de salón es «el ejercicio más completo que puede hacer el torero» porque pone a prueba su flexibilidad, coordinación, fuerza y, a la vez, la combinación de todas estas cualidades, ha explicado que durante estos ejercicios el torero «busca dentro de sí lo que sueña en su mente».

No obstante, ha aclarado que hasta que no se mide al toro en la plaza es inútil presentarse allí con una forma preconcebida de torearlo.

Antes de coger los trastos, Saúl Jiménez Fortes ha explicado que ha aceptado participar en esta exhibición callejera para hacer afición y ha reconocido que el mundo del torero, tradicionalmente, ha sido muy hermético y que iniciativas como ésta dan a conocer la fiesta.

El presidente de Juventud Taurina de Sevilla, Álvaro de la Rocha, estudiante de primero de Derecho, de 18 años, ha asegurado que esta asociación cuenta con 180 miembros, muchos de ellos chicas, de 14 a 23 años, y que tienen delegaciones en Cádiz y Marbella.

La exhibición callejera de Sevilla no ha sido la primera, ya que sucede a otras que se han hecho en Málaga con El Juli, Salamanca con El Niño de la Capea, en Huelva con El Cid, y en Córdoba con Finito de Córdoba y Padilla, como si el mundo del toro estuviera decidido a recuperar en la calle, con el colorido de sus capotes y muletas, el terreno perdido.