Es el más antiguo de Sevilla y uno de los más añejos de Europa. ¿Alguna vez se han preguntado el porqué del nombre de la calle Feria? Esta vía sevillana debe su nomenclatura al mercadillo de los jueves y no al contrario. Su existencia data del siglo XIII, antes de que la Parroquia de Omnium Sanctorum se erigiera en su actual enclave ya se mercadeaba allí. Hoy cuenta con la protección municipal y el agrado de vecinos y turistas.

La normalización en seguridad y limpieza de los puestos del mercadillo de la calle Feria ha conseguido que vecinos y comerciantes empiecen a ver en esta tradicional cita de cada jueves un reclamo turístico del que sacar partido.  «Es un polo de ventas y un punto de atracción en la ciudad», explica León Urtrecho, asesor jurídico de la Asociación del Mercadillo Tradicional de la Calle Feria.

«Este mercadillo es objeto de estudio por numerosos universitarios y protagonista de muchos reportajes audiovisuales de televisiones extranjeras que han puesto su mirada en esta actividad», destaca Urtrecho. Además, «gracias a la nueva regulación, el protocolo firmado con el Ayuntamiento y la excelente colaboración de la Policía Local, el mercadillo funciona genial», asegura el asesor.

Su presencia ha sido el motor de todo un barrio. Esta tradicional calle de artesanos albergó a artesanos, carpinteros o pintores de primera impresión, entre los cuales aprendió el oficio el renombrado Bartolomé Esteban Murillo en el siglo XVII. El mercadillo también ha tenido mucho de novela picaresca. Como en todos los lugares en los que congrega un gran número de personas, ha sido tierra de cultivo de amigos de lo ajeno. Una perspectiva que no se corresponde con la situación actual.

No hay robos, ni hurtos

«Eso forma parte del romanticismo del mercadillo», asegura Urtrecho. «Aquí no se roba, no hay hurtos… todos los vendedores se conocen y se protegen entre ellos», confiesa. «Se le ha quitado esa connotación negativa de que se vendían cosas robadas», afirma. «Sí sirve para reciclar parte de los productos que la gente tira», detalla. «Hemos alcanzado la paz social», enfatiza.

Pero la crisis actual también ha esquilmado los puestos del mercadillo. Cada jueves se montan unos 180 puestos, cada vendedor está perfectamente identificado. Más bocas para menos compradores. «Antes se vendía muchísimo, sobre todo objetos de coleccionista; ahora no tanto, estamos en la época del plástico», argumenta Félix Bernaldes, vicepresidente de la Asociación del Mercadillo Tradicional de la Calle Feria. «Hay mucha mercancía, pero poco dinero», concluye.