Calles vacías. Apenas algunos transeúntes disfrutan de un paseo sin agobios. No hay prisas, tampoco barullo en las tiendas; muchas de ellas, cerradas. Las compras de días atrás han dado paso a un espacio desértico. El Casco Antiguo cede, por unos días, el trasiego de viandantes al Real de la Feria.

En el desierto existen especies adaptadas al entorno. Amantes de la tranquilidad y adictos al cemento. Unos, pasean con calma escudriñando rincones cámara en ristre; otros aguardan en las filas de los cines. No hay colas y las sesiones se convierten en privadas. En cartel, Almodóvar y su Los amantes pasajeros aguanta el pulso a películas americanas en los cines Alameda.

Calle TetuánLos perros corren despreocupados en la Alameda de Hércules. El tráfico hacia la calle Trajano ha caído drásticamente. Los camiones de bebidas que abastecen a los bares de la zona han sacudido sus obligaciones y, para sorpresa de los vecinos, la carga y descarga está libre. Son las 19,00 horas de una jornada previa a un festivo. Hoy se atiende rápido y no hay esperas en los bares.

«El consumo cae drásticamente en días como hoy, la gente está en la Feria; pero hay que abrir el negocio», explica el propietario de un clásico bar con terraza de la Alameda. «Aprovechamos para hacer limpieza o para preparar el local para el calor, que ya está a la vuelta de la esquina», desvela.

Calle Rioja. Unas medias es el objetivo de Tamara. Las busca para su modelito del miércoles. Irá a la Feria y se ha visto desaviada horas antes del cierre de los comercios. Primeros agobios: Zara está cerrado. Cambio de planes sobre la marcha. «Voy a Mango», afirma. Cerrado. El cartel de repite en Pull & Bear y en otras tiendas. Por suerte sigue abierto H&M. Respira.

Mal día para ir de compras. También para conseguir un taxi. Las abarrotadas paradas de la Plaza del Duque están más vacías que de costumbre. Más movimiento en la plaza de la Magdalena, donde un grupo de flamencas se suben al 41, el autobús que las llevará directamente a la Feria. No les falta detalle y van perfectamente ataviadas para la ocasión.

Tras de sí dejan el centro. Parte de una Sevilla que se desertiza durante una semana para ceder su cetro al Real de la Feria.