El oro, incienso y mirra que detallaban las Sagradas Escrituras han evolucionado en estos 2013 años hasta convertirse en Monster HighBratz o Wii. Por el camino más reciente han pasado Nenucos, Barbies o Madelmans y todos ellos han encontrado su hueco en Osorno, un establecimiento que lleva 37 años inundando Sevilla de regalos por el día de Reyes.

«Sería incapaz de calcular los juguetes que han pasado por Osorno en estos 37 años», asegura Antonia Aguilar, una de las trabajadoras con más experiencia de esta casa situada en la calle Reyes Católicos. Por su cabeza pasan anécdotas, como ese día de Reyes en el que tuvieron que cerrar la tienda «porque no cabía más gente» o las muchas veces que los abuelos le pedían los «pavos grandes en vez de Power Rangers».

Los años 80, los mejores. «Nos quedábamos sin mercancías», recuerda. Sin catálogos y sin televisión, la experiencia del vendedor se tornaba básica para que el regalo lograse el éxito deseado. «Éramos psicólogos, preguntábamos a los padres y abuelos hasta dar con el juguete perfecto», explica. «Ahora no, los clientes llegan a la tienda con el recorte del juguete y quiere ese y no otro», detalla Antonia.

También ha cambiado el hábito de consumo. «Antiguamente nos daban las tantas el día 5, eran 12 y todavía había gente rondando la puerta y siempre se abría para atenderlos», rememora. «Hoy la compra se anticipa mucho», explica.

Aunque hay cuestiones que permanecen invariables a pesar de los años. Rosa, niña; azul, niño. «Hoy los juguetes son más sofisticados, más interactivos y con características que jamás se imaginarían hace 30 años», concreta Antonia. «Se vende mucho el juguete educativo y los padres tienen muy presentes la edad del niño, una variable que antes no se tenía en cuenta», asegura la dependienta.

Pero el rey absoluto en estos 37 años ha sido «el Nenuco de toda la vida», afirma. Detrás siguen juguetes tan carismáticos como el «clásico Playmobil de Famobil, la Nanci o, un poco más rezagados, la Barbie, el Arganboy o el Madelman», confirma Antonia. Aunque en su recuerdo sigue latente un futbolín que vendió allá por 1977. «Valía 5.000 pesetas de la época», rememora.

El día de Reyes pasará y los almacenes de Osorno se vaciarán. Y así año tras año desde hace 37. Los juguetes irán junto a sus nuevos dueños. A protagonizar aventuras y despertar la imaginación. Hasta que algún día, con el paso de los años, evoquen viejos recuerdos que estrechen el vínculo con el niño que un día fuimos.