«Cuando rompes el molde haces una pieza única y este espacio es único». Existen dos sevillas, la ciudad que se parece a Sevilla y la que no. Rompemoldes, el nuevo espacio inaugurado en la calle San Luis, pertenece al segundo grupo. Un centro de pura tendencia basado en un modelo de negocio de tiempos pasados: la artesanía. Tradición y vanguardia son los ingredientes de la demandada revitalización del Pumarejo.

Rompemoldes nace como un espacio nuevo y diferente a lo hasta ahora conocido como corral de artesanos del centro de Sevilla. En él se puede presenciar al proceso artesanal en su globalidad de diferentes disciplinas artísticas, desde la proyectación y elaboración hasta la exposición y venta. La combinación de ceramistas, alfareros, artesanos de la forja, madera, papel y vidrio con escultores, lutieres, restauradores de obras de arte, arquitectos, paisajistas y diseñadores en un mismo espacio otorga al espacio una atmósfera creativa y estimulante. Todo ello combinado con un programa de actividades culturales.

«En Rompemoldes no solo se recupera el modo tradicional de vida de los artesanos, también el corral de vecinos tan típico de Sevilla y que solo se conservan en reductos muy localizados», explica el portavoz de este grupo, Manuel Galindo. Él ha llegado a este centro junto a su novia, Ilaria de Pasquale. Ambos tienen 33 años y son arquitectos, aunque actualmente se dedican a la cerámica junto con Márica Vazzana.

Vivir en Rompemoldes «es muy cómodo, abres la puerta y tienes el taller; la cierras y entras en tu casa», confiesa Ilaria, ceramista italiana de Nápoles. La pareja lleva cuatro años viviendo juntos y en este nuevo centro de la calle San Luis ha encontrado su nuevo hogar. «Yo desconfiaba de un espacio tan abierto», revela Ilaria. «Yo la convencí y ahora es ella la mayor defensora», contesta Manuel.

El proceso fue sencillo y rápido. Cumplían los objetivos, no tener muchos ingresos ni tampoco pocos como para no poder pagar unos 650 euros que cuesta el alquiler de la vivienda, el taller y el garaje. Además, tenían que estar dados de alta como profesionales autónomos y constar en el registro de artesanos de la Junta de Andalucía. En pocos días, su ingreso en Rompemoldes estaba hecho.

Y con ellos, Alejandro García, alfarero de profesión y amigo de Manuel. «Terminé mis estudios en la Escuela de Artes y Oficios hace un año y me enteré de esta iniciativa. En julio me mudé aquí con mi mujer y mi hija», recuerda. «Me parece un buen sitio donde vivir, es lo que buscada», confiesa.

El marcado criterio de elección ha posibilitado un perfil de artesanos de dispares disciplinas pero de similares intereses. «Hay mucha sintonía», reconoce Pablo Fernández, luthier sevillano formado a caballo entre Italia y España. «El hecho de que seamos todos artesanos y nos dediquemos a una profesión que implica muchas horas de trabajo en solitario, o al menos concentrados, ha imprimido cierto carácter al espacio», razona.

«Se nota la diferencia entre trabajar sola en un estudio o hacerlo aquí rodeado de gente con tus misma profesión», asegura Inmaculada Mazón, diseñadora de ropa infantil. «Tenemos el apoyo de otros artesanos que trabajan en proyectos diferentes», confiesa. «Se nota el buen rollo y se respira ilusión», confirma.

Creación transversal
De hecho, a pocos días de la inauguración ya se pueden ver los primeros resultados de la cooperación entre los diferentes talleres. Los diseñadores trabajan con los encuadernadores, arquitectos con ceramistas o escultores. Este espacio interdisciplinar «permite que diferentes profesionales encuentren un mismo recinto la posibilidad de intercambiar su trabajo», explica Laura, del estudio de diseño gráfico Todo Muta. «De aquí saldrán cosas muy interesantes», completa.

Ese es justo el concepto que han intentado dar a la imagen de marca, de la cual son responsables. «El concepto es sencillo, nos basamos en la idea de ruptura, de romper el molde de la artesanía tradicional basada siempre en las mismas piezas», revela Sergio, su compañero de estudio.

Pero la idea de generar sinergias traspasa los muros de Rompemoldes. La deteriorada zona del Pumarejo, azotada por la indigencia, venía demandado impulsar la artesanía como motor revitalizador de esta barriada. La presencia de estos artesanos beneficia a vecinos y a los propios inquilinos del número 70.

«La calle San Luis es un paso muy interesante de turistas que vienen a visitar la Sevilla cultural y que se adentran por las callejuelas buscando lo típico e interesante que le puede ofrecer esta ciudad: en nuestro caso, artesanía», asegura Sonia Osuna, diseñadora de joyas del Estudio 102. «Vienen a ver iglesias y nosotros estamos en un paso muy interesante, cerca de las iglesias de San Román, Santa Marina y San Luis de los Franceses o, para terminar, en la basílica de la Macarena», concluye.

Hasta la fecha, 18 artesanos ya se han alojado en este nuevo espacio. Todavía quedan dos viviendas esperando nuevos huéspedes. Una oportunidad para conseguir, de una sola tacada, una vivienda y un trabajo en el que experimentar la vida tradicional en una comunidad de artesanos.