Los sevillanos han amanecido con una huelga de basuras que no esperaban, que no entienden pero que sí padecen. Los contenedores han ido mermando su capacidad a medida que pasaban las horas y en algunas zonas del distrito Casco Antiguo las bolsas con desperdicios se hallaban en mitad de las aceras. Entre los vecinos, dos posibles versiones: el derecho de los trabajadores a reclamar sus derechos frente al malestar de los los ciudadanos, los principales perjudicados.

De momento, la jornada de huelga indefinida promovida en la sociedad Limpieza Pública y Protección Ambiental (Lipasam) apenas deja impacto en el Casco Antiguo, salvo en la calle Castelar o en Teodosio donde los rastros eran visibles a media mañana. Los servicios mínimos han retirado un 17 por ciento de la basura acumulada el primer día de huelga. Unas 120 toneladas de un total de 700 que suele generar la ciudad en un día laborable.

Una mujer deja la basura en el contenedorLos vecinos, lejos de mantener la basura en sus hogares, la sacaban sin importar huelga u horarios. La consecuencia, bolsas y restos apilados en las inmediaciones de los contenedores y olores. El malestar de los vecinos, evidente. Algunos de ellos se enteraban por los mismos vecinos al bajar la basura a los contenedores.

«Esto es un disparate», explicaba un vecino de la calle Teodosio. «Esto nos perjudica a todos, a los sevillanos y a los que vienen de fuera a visitar la ciudad», comentaba. «Y menos mal que no es verano, porque hubiese sido todavía peor», aseguraba junto a un contenedor rebosante de basura. «Eso sí, a nosotros siguen cobrándonos lo mismo; se recoja o no la basura», lamentaba.

Los trabajadores de Lipasam también recibían el apoyo. «Tendrán que luchar por sus derechos», defendía otra vecina de San Lorenzo mientras depositaba su basura en el contenedor. «Como a todos, cuando nos tocan el bolsillo hacemos lo que sea para defendernos así que veo lógico que se pongan en huelga», argumentaba otro residente intercediendo por los empleados en huelga.

Preocupación en la hostelería

Los más preocupados por la suciedad acumulada: los bares. Algunos hasta buscaban fórmulas imaginativas para evitar a sus clientes las malas vistas y minimizar los olores ante la falta de limpieza. En la bodega Amarillo Albero, en plena plaza de la Gavidia, su propietario colocaba un biombo para tapar los contenedores y darle mejores vistas a su velador.

«La basura en la calle ahuyenta a los clientes ¿quién va a querer estar en un bar cuando a escasos metros tiene kilos de basura apestando?», se preguntaba un hostelero de la zona de la calle Feria. En la mente de todos, las últimas huelgas de Jerez de la Frontera y Granada, donde la falta de acuerdo entre trabajadores y empresa mantuvo insalubres sus calles.

Y, en mitad del debate entre los vecinos y restauradores, los operarios de Lipasam que cubrían los servicios mínimos. «De momento no hay incidencias, todo está tranquilo, la gente protesta pero nosotros no tenemos culpa», explicaba uno de los operarios. «La gente apenas sabe que estamos en huelga», afirmaba. «Aquí venimos nada más que a quitar la basura esparcida», comentaba. «Somos muy malos, somos muy malos», ironizaba el trabajador.