Con el recuerdo fresco de la resaca del calor, el cambio horario ha traído, además de agua a la ciudad, los primeros indicios del advenimiento de la Navidad. Los comerciantes se afanan en desempolvar los adornos navideños al olor de las castañas asadas. Los escaparates ya muestran en género navideño. Belenes para tradicionales y pinos para los innovadores. La Navidad ya ha llegado a las calles del Casco Antiguo.

Sí, 30 de octubre. Mientras muchos ajustan el cuerpo al horario de verano y otros sacan bufandas y guantes de los armarios, los comerciantes del centro de Sevilla han dado el pistoletazo de salida a la Navidad. «Ya hemos vendido los primeros belenes», afirma Marieta Domínguez, propietaria de la tienda a la que da nombre situada en la calle Puente y Pellón.

Lo suyo es un caso especial, venden todo lo necesario para montar el portal de Belén. Figuras de barro lienzado protagonizan es escaparate de este negocio familiar que lleva tres años funcionando en el entorno de la Encarnación. «Aprovechamos el último fin de semana de octubre para sacar el género, en un día, con cuatro personas, preparamos la tienda para la navidad», explica.

Su especialidad, las figuras del misterio de marmolina (similar a la escayola pero de mayor dureza y mejor acabado) que ella misma pinta. Además, serrín, musgo, corcho o, entre tanto, escudos de hermandades o complementos para la feria. Marieta «es Sevilla: Navidades, Semana Santa y Feria», asegura su dueña. En el horizonte más cercano, el puente de la Inmaculada, «donde es tradicional montar el portal de Belén», explica.

Castañas bien tostadas
Pero la ciudad advierte los primeros signos navideños mucho antes. Desde primeros de octubre, cuando la mayoría de los sevillanos aun hacen uso de los abanicos, ya se huele a castañas asadas en las calles del centro. «La gente pica, a pesar del calor», confiesa Francisco Jiménez mientras sirve cartuchos de castañas en la calle Laraña, al cobijo del Metropol Parasol.

«No sabría decir si se venden más castañas con el frío o con el calor, tengo mis dudas», apunta. A lo largo de sus 4o años de experiencia ha perfeccionado la técnica. Carbón, sal, castañas y «mucho tiempo», confiesa. El cartucho, a dos euros. Calentitas y bien tostadas.

La lumbre mitiga el frío. «Echo unas seis o siete horas de media al día y he ido rotando por La Campana, Tetuán, los Juzgados… hasta llegar a la Encarnación», recuerda. Su pico de producción: a mediados de diciembre, «cuando le dan las vacaciones a los niños en el colegio», señala.

A buscar la suerte
Más señales. Ya hay colas en la administración de loterías número 13 de Sevilla. El gato negro, fiel a su cita con la Lotería de Navidad, avisa que la Navidad está a la vuelta de la esquina. En su puerta, en la avenida de la Constitución, ya se ven a los primeros clientes frotando enérgicamente sus décimos con el azulejo que da nombre a este dispensador de ilusión.

«Desde mediados de octubre ya notamos una mayor demanda de décimos de Lotería de Navidad», afirma Jorge Arias, el propietario. «Ya hemos tenido colas», afirma. En esta administración se vende un elevado número de números. El preferido de los sevillanos: el 13. «Esta es la administración número 13 y se llama El gato negro», ironiza. No temen a la mala suerte.

Prueba de ello es que han dado el gordo de Navidad en varias ocasiones. La última, en 2004. Aunque, para lotería, la de los trabajadores que contrata para atender a los muchos clientes que se agolpan a las puertas. «Siempre requerimos de más personal de refuerzo cuando se acercan estas fechas», confiesa.

Y, para los que gusten de pasear sin ánimo consumista, un dato: los operarios municipales ya están colocando el alumbrado navideño en los árboles de la plaza Nueva. Ha llegado la Navidad al Casco Antiguo, y promete quedarse hasta que rompa el olor a incienso y torrijas y llegue la Semana Santa.