La Cabalgata de Reyes Magos del Ateneo ya está repartiendo ilusión por los hogares de Sevilla. Falta más de un mes para que se rieguen de caramelos las calles y los casi mil participantes en el cortejo ultiman los detalles para que todo esté a punto el día 5 de enero.

«Estoy fatal de los nervios, cuento los días, las horas…», confiesa Macarena, una sevillana de 29 años que este año cumplirá uno de sus sueños: montarse en una carroza. «Mi abuela nos apuntaba a todas sus nietas desde chicas pero nunca tuve suerte en el sorteo», explica.

La suerte le llegó por otras vías más actuales. Las redes sociales anticiparon el ansiado regalo de Reyes. «Escribí en mi muro de Facebook ‘Por favor, quiero salir en la Cabalgata’ y el milagro se produjo gracias al Gran Visir, que me invitó», relata emocionada Macarena, mientras espera a que las modistas le tomen las medidas de lo que será su indumentaria para el día 5.

Las reuniones se suceden en el Ateneo en los previos. El metro de Chelo y de Felicidad está acostumbrado a este ajetreo prenavideño, por él pasan muchas de las 950 personas que componen el cortejo. Y así lleva 17 años. «Confeccionamos los trajes y les damos explicaciones sobre cómo tienen que ir vestidos», afirma Felicidad. El principal consejo: «Que se abriguen los pies, que se suelen quedar fríos; y que beban poco para que el pañal aguante más tiempo», desvela.

Por cada traje, un pañal. «No es obligatorio, pero lo recomendamos», advierte la modista. Para ellas, la Cabalgata empieza allá por el mes de septiembre. A partir de entonces, maratonianas jornadas de aguja e hilo. Diseño, toma de medidas, corte y confección, pruebas y entrega final.

Tradición imperturbable
Por el banco de Pepito, José Luis Sainz Méndez, pasan todos los niños desde hace 1975. «Ese banquito está en el Ateneo desde la época de Jesús García Díaz (ex presidente del Ateneo)», detalla el administrador de la Cabalgata, uno de las personas más reclamadas en este compás de espera hasta el día de Reyes.

Pepito, como cariñosamente se le conoce en el Ateneo, es el encargado de tallar a los menores que se subirán a las carrozas. Su día a día está salpicado de numerosas preguntas. «Pepe, ¿va a salir mi niño en la Cabalgata? ¿En qué carroza va mi niño? ¿En qué sitio los has puesto?…», explica. «Y como son 950 niños, son 1.900 padres preguntando; ¡ya me consultan hasta por el tiempo!», ironiza.

Pendientes del tiempo aunque falte más de un mes. «Esperemos que no llueva, ese es nuestro principal miedo», explica una de las madres. Los hay que tienen otras preocupaciones. Dani es sevillista, su traje para la Cabalgata es verde. Todo un trauma. «No es un verde Betis, es verde hoja», aclara la modista. «Hay que afinar mucho con el Betis y Sevilla, la polémica es horrorosa», desvela.

La ilusión llega con un mes de antelación. Meses de preparativos para apenas unas horas de recorrido por las calles de Sevilla y muchos años de recuerdo de una experiencia inolvidable para aquellos que reparten ilusión desde las carrozas.