Sevilla tiene hambre de Semana Santa. Lo demuestra a escasas horas del Viernes de Dolores. Unas inesperadas cornetas bastan para congregar a numerosos vecinos del Casco Antiguo en torno a un momento de memoria histórica: la devolución del bacalao a su hábitat natural.

La Cuesta del Bacalao es, para muchos sevillanos, la forma de referirse a la calle Argote de Molina aunque muchos jóvenes desconozcan el porqué. La esquina de esta vía con Placentines recupera 37 años después el monumento a este alimento tradicional de la cuaresma. Una pieza de madera recuperada por la restauradora Beatriz Zamora y que resolverá estos interrogantes.

herrera y zoido

Las vísperas de Semana Santa, aderezadas con este tipo de actos, sirven como entrenamiento para muchos sevillanos y foráneos, quienes aguardaron hasta sumar horas el inicio del mismo con el ánimo del que espera la salida de un paso de palio. La Agrupación Musical Virgen de los Reyes aliviaba la espera y menguaba la impaciencia. Entre los presentes, además del alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido; la delegada del Distrito Casco Antiguo, Amidea Navarro, también estuvieron el columnista de ABC Antonio Burgos y el locutor de radio Carlos Herrera, quien prodigó algunas palabras.

«No se sabe si se hizo el bacalao para la Semana Santa o la Semana Santa para el bacalao», parafraseaba Herrera en mitad de su disertación, toda una exaltación al bacalao. El locutor recordó los ultramarinos y las tiendas de coloniales que poblaban, hasta no hace muchos años, el centro del centro de Sevilla.

«Sevilla es una gran ciudad conformada por pequeños detalles», argumentaba Herrera. «De olor a torrijas y a pestiños, de recuerdo de vigilia de espinacas con garbanzos y pavía de bacalao», enumeraba.

Y al son de la marcha Costalero, quedaba inaugurado el monumento. «Sirva el acto de hoy como justo homenaje a aquellos ultramarinos y tiendas de coloniales», esgrimía Herrera. Negocios como «El Brillante», regentado por Jesús Sanz, lugar que fue objeto de peregrinación hasta bien entrados los setenta y del que hoy solo queda el recuerdo.

bacalao«El hábitat del bacalao no está en el ártico, ni en Noruega, está en Sevilla», clamaba el promotor de la iniciativa, el gerente de la cadena hostelera Baco, José Baco. «Nunca pensé que esto terminaría así», confesaba, al tiempo que agradecía la colaboración a la propietaria del edificio Charo Mencheta, viuda de Diego Molina, y su hija María Molina Mencheta, quienes no pusieron impedimento en permitir la ubicación del bacalao en su enclave tradicional.

Por su parte, Juan Ignacio Zoido, alabó la rapidez con la que se ha llevado a cabo esta iniciativa totalmente particular. «Es curioso cómo unos amigos que pretendían un claro objetivo lo han conseguido», explicaba. «El pueblo ha sido quien ha conseguido colocar el bacalao en la cuesta del bacalao», concluía.