Menos indigentes y más promoción turística. Esta es la fórmula que demandan los vecinos del Pumarejo para revitalizar su barrio. Están cansados de peleas, gritos y orines. La zona norte del Casco Antiguo lanza un SOS a las autoridades.

Imagínense. Vivir todos los días a escasos metros de un comedor social y tener que hacer un eslalon entre improvisadas camas alojadas en plena calle peatonal. Una esquina, un servicio. Olores, defecaciones en la vía pública, vómitos salpicados de actuaciones policiales por las peleas, con sangre, que se suceden y continuas coacciones de los gorrillas que tienen en esta actividad su única forma de vida.

Es el día a día de los vecinos del entorno del entorno de la plaza del Pumarejo y San Luis. «En la zona hacen su vida muchos indigentes», afirma el presidente de la Asociación de Vecinos y Comerciantes Pumarejo-San Luis, Ángel Hueso. En parte, «se debe a que existe un comedor social, gestionado por las encomiables hermanas de San Vicente de Paúl, y un puesto de reparto de metadona», explica Hueso.

Allí comen y también duermen. Los bancos de la barbacana, la contramuralla pequeña junto a la muralla, acoge precarios catres en donde aguardar el alba. «La situación es insostenible», advierte el representante vecinal.

«No pedimos un plan policial, demandamos actuaciones sociales para la zona», asegura Hueso. El plan propuesto va en la línea de dinamizar el turismo en la zona norte del Casco Antiguo y aprovechar la presencia de numerosos artesanos en el entorno para potenciar y recuperar el tejido empresarial.

Pintores, tallistas, ceramistas, decoradores, carpinteros y una larga lista de artesanos tienen su sede en la zona del Pumarejo, «a pesar del interés de Monteseirín (PSOE), que quiso llevárselos sin éxito en su día al polígono Arte Sacro», recuerda Hueso. A esta presencia hay que sumar la alta densidad de monumentos históricos que podrían hacer esta parte del distrito atractiva para los turistas.

Más turismo, por favor.

«Hay que incentivar el eje norte-sur para la recuperación del turismo», reclama Hueso. «Si la barbacana fuese visitable podría servir como zona de interpretación turística de la zona norte del Casco Antiguo», señala. Uno de los puntos más visitados por los turistas es la basílica de la Macarena.

«De ahí podría partir una ruta hasta la iglesia de San Gil, la casa palacio de Marqués de Pumarejo, Santa Marina, San Luis de los Franceses y San Marcos; después el itinerario seguiría por el convento de Santa Isabel y Santa Paula; continuaría hasta la iglesia de San Román y El Valle para finalizar en Santa Catalina. Ese sería el nexo entre la zona norte y sur con la iglesia de San Pedro, en plenas setas de la Encarnación, y Santa Cruz», argumenta el presidente de la asociación.

El turismo serviría para, según los vecinos, poner luz en una zona que se está degradando con el paso de los años. La fórmula, menos indigentes y más promoción, parece sencilla. Se busca alquimista.