Sus vestidos están hechos de piqué e hilo, los tejidos propios de la vestimenta infantil en su juventud. Salud García-Manjarón, usuaria de la Residencia San Juan de Dios de Sevilla, comenzó a coser cuando tuvo su primer sobrino y desde entonces cuando está frente a la máquina, «una Refrey alemana, la misma desde hace 34 años», recuerda Salud, que pierde la noción del tiempo.

Salud en la residencia San Juan de DiosEs posible que a padres y madres de la actual generación les resulten extraños los cucos, los peleles, los tocados o los faldones «acostumbrados a la fabricación en serie», pero «cada vestido de los que hago es único, me entrego a cada uno de ellos y eso se nota en los detalles: bolsillos, lazadas, calados… No es vanidad, es que son exclusivos», explica Salud.

Y ahora ha encontrado un nuevo sentido a su trabajo: Salud ha enviado sus últimos 60 vestidos al Hospital San Juan de Dios de Sevilla. Desde allí, el área de Desarrollo Solidario coordinada por Javier Consiglieri, entregará estas joyas de tela a familias con pocos recursos. «Ahora apenas se valora el trabajo artesanal, y es una manera de entregarlo a quien lo sepa apreciar: la gente que lo necesita».

El hospital de Sevilla atendió el pasado año a 200 familias en riesgo de exclusión en el área de Nervión. El año pasado becó la atención temprana de 3 pequeños con dificultades en su desarrollo que no tienen cobertura de la administración pública. Además proporcionó ropa y calzado a 62 pequeños y diversos carros de bebé y cunas. «Si me encontrara por la calle a una familia con mis vestidos, me sentiría muy orgullosa», afirma.