Apenas once minutos se necesitan para completar los 900 metros que hacen de la calle Feria una de las más largas del Casco Antiguo. Dicho tiempo, como siempre relativo, aumentará considerablemente de transitarla un jueves, cuando esta vía se llena de puestos como es tradicional desde el siglo XIII. El mercadillo, otrora feria de viandas, ascendió al nomenclator para denominar a una de las calles más macarenas.

Laneros, Cano Quebrado, Hurones, Lencería… Los nombres primitivos de la que es hoy la calle Feria han sido tantos como las actividades comerciales que en ella se han desarrollado. Eminentemente mercantil, esta importante vía acoge un importante mercadillo que data del 18 de marzo de 1254, cuando Fernando III de Castilla concedió dicha feria a la ciudad. Conocido popularmente como el Jueves, es el más antiguo de cuantos se celebran Sevilla.

Detalle de la calle FeriaLimitando al sur por la calle María de la Purísima y al norte con Resolana, la calle Feria vertebra el barrio de la Macarena. En su primer tramo, entre el callejón de Menjíbar y la plaza de Monte Sión la calle es estrecha e irregular, producto de los inconclusos proyectos de alineación; la segunda parte, la que desemboca en Resolana, es recta y ancha, guardando esta última cualidad desde siglos pasados, lo que denota el tránsito comercial que albergaba.

La importancia económica de la calle debió influir en que fuera dotada de empedrado desde fechas bastante tempranas. Ya en el siglo XVII se tiene constancia de algunos tramos embaldosados. La luz llegaría más tarde, en el año 1910. Carpinteros, sayales, fabricantes de paños de lana y jerga… la calle Feria ha ido mutando conforme han pasado los años.

En los siglos pasados existieron dos cruces en esta calle, la de Caravaca, la cual contaba con una hermandad, y que fue desmontada en 1839; y la de linos, en la calle de este nombre, de hierro forjado y grandes proporciones que fue instalada en 1649 sobre un cementerio improvisado con ocasión de la peste, y desmontada en 1839; en la actualidad se halla instalada en la fachada de Omnium Sanctorum.

La Amargura por la calle FeriaAdemás, hay que citar varios retablos desaparecidos, entre ellos, dos dedicados a la Concepción, uno de los cuales fue pintado al fresco, en el siglo XVI, por Agustín del Castillo; otro de la Trinidad, la Virgen y San José, y el de Animas en la fachada de la parroquia.

Edificado en el siglo XVIII, el Mercado de Abastos de la calle Feria es uno de los edificios de servicios más antiguos de Sevilla. También residen en esta vía la iglesia de Omnium Sanctorum, templo mudéjar del siglo XIII, en el que tienen su sede canónica las hermandades de Los Javieres y El Carmen Doloroso; la capilla de Monte-Sion, sede de la hermandad de su nombre, la iglesia de San Juan de la Palma, levantada sobre una antigua mezquita, es sede de la Hermandad de la Amargura; y el palacio de los marqueses de la Algaba, construido en el siglo XVI, está considerado uno de los mejores exponentes del arte mudéjar civil en la ciudad.

Aunque para arte, el de «el pasmo de Triana», Juan Belmonte, que en 1892 nació en la calle Feria.